La fuerza del amor


Finalmente, a los tres días, un médico, seguido de dos enfermeras, entró a su cuarto. Las vendas fueron cayendo una a una. Cerró los ojos. Una mano le acercó un espejo.

Poco a poco fue mirando su rostro reflejado. Bendijo al cirujano plástico y a las antipáticas enfermeras de la clínica.
Una voz preguntó:

—¿Qué le parece, Monsieur de Bergerac?

Cyrano no respondió, ahora sólo pensaba en Roxana, ahora sí, ahora sí Roxana sería suya.

Leo Mendoza
No 95, Noviembre-Diciembre 1985
Tomo XV – Año XXI
Pág. 35

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