Eleonora

  • Tu humedad en mí.
    Despierto.
    Mi humedad en nada.
    Patricia Aridjis

Cierro los ojos. Nos rozamos. Experimento tus manos frías. A cada caricia tuya, a cada caricia mía, una respuesta. Con la humedad de tus besos, mis pezones, como enfurecidos, disparan hacia ti. Juego a ocultarlos con mi pelo, y una y otra vez tú los descubres. Reímos. Alzas la cara, nos miramos. Con tus cinco sentidos me exploras en forma detallada. Del mismo modo minucioso te recorro luego. Agasajo, soy agasajada. Te palpo, me sorprendes, retrocedo… te recibo, me atraviesas. Enroscamos nuestros brazos y piernas y bailamos. Primero suave, después tan repetida y ferozmente, que si alguien nos encontrara ahora, no podría asegurar si nos amamos o peleamos. La danza dura hasta que gimo como leona herida y tú sonríes complacido. Poco a poco voy respirando con sosiego. Lo mismo te sucede. Me desmontas. Mi cuerpo tirita y deseo tu abrazo. Te busco con mi mano, pero sólo encuentro el frío plano de las sábanas. ¿Por qué siempre después de los placeres solitarios me sentiré tan desolada?

Ana María Carrillo
No 101, Enero-Marzo 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 60

Ana María Carrillo Farga

Ana María Carrillo Farga

Licenciada en Sociología por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, y maestra y doctora en Historia por la Facultadde Filosofía y Letras. Catedrática de la Facultadde Medicina de la UNAM, donde ha impartido seminarios sobre la historia de la salud pública en México. Es jefa del Departamento de Salud Pública de la Facultad de Medicina de la UNAM. Miembrodel Sistema Nacional de Investigadores nivel I. Miembro de Historiadores de las Ciencias y las Humanidades. Recibió el Premio Nacional Susana San Juan por su ensayo Parteras tradicionales: su contribución a la humanidad de la prehistoria al siglo XXI.[1]


[1] http://www.paraelfuturo.unam.mx/?q=node/795

Inconfesable

Para Luis

A las seis en punto de cada tarde, piensas en las vírgenes dispuestas, las casadas ofendidas y las viudas deseosas que te buscan. Recuerdas con detalles las danzas de siete velos y las noches desveladas de las que los hombres te hablan. Llevas en la memoria las cabalgatas de amor y los sueños perversos que las feas y las hermosas te cuentan al oído día con día. Y te preguntas por qué tú, precisamente tú, tienes que saber tanto de líquidos recién paridos y de aromas secretos, cuando después de la misa de cinco y media, dejas en la sacristía tu casulla morada

Ana María Carrillo
No. 111-112, Julio-Diciembre 1989
Tomo XVII – Año XXVI
Pág. 620