
—Ciertamente —dijo el abate—. Pero imito la prudencia de aquella anciana de Siracusa que, mientras Denys era odiado por todo su pueblo, iba diariamente a rogar a los dioses para que prolongasen la vida del tirano. Advertido de tan extraña piedad, Denys quiso conocer las razones que la inspiraban, y ordenó que le llevasen a la buena mujer, para interrogarla.
—Mi vida, que ya es larga —respondió ella—, me ha permitido conocer a muchos tiranos, y observé siempre que a uno malo sucedía otro peor. Tú eres el más detestable de todos, por donde saco en consecuencia que tu sucesor será, en lo posible, más perverso que tú. Por esto pido a los dioses que tarden el mayor tiempo posible en enviárnoslo.
Anatole France
No. 100, Septiembre-Diciembre 1986
Tomo XV – Año XXII
Pág. 667
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