
Franz recorre la gran avenida. Hoy va a encontrarla a Ella, por azar pero definitivamente. Está seguro.
¿No es ésta? ¿Por qué no lo mira? ¿Por qué da esos pasos decisivos que la escamotean a la vuelta de la esquina?
Pero ahora sí la reconoce: es aquella que viene por la vereda de enfrente. Franz atraviesa corriendo la avenida.
No, tampoco era. Vuelve a cruzar, velozmente: teme que aquel señuelo le haya impedido toparse con Ella en la vereda recién abandonada.
A medida que pasan las cuadras, sigue descubriendo mujeres cada vez más parecidas a Ella. La última es casi idéntica, un prenuncio, una certeza de que la próxima será Ella para siempre.
Franz pasa frente a un edificio en construcción. Es un día de viento, y un granito de arena se le entra en un ojo. El dolor le hace cerrar los párpados por un segundo, mientras sigue caminando.
Ya está. Ya pasó.
César Fernández Moreno, de “La vuelta de Franz Moreno”
No. 72, Abril-Junio 1976
Tomo XI – Año XI
Pág. 659
César Fernández Moreno
No 78, Julio-Agosto 1977
Tomo XII – Año XIII
Pág. 546










