—¡Ahí viene esa vieja horrorosa a preguntarme otra vez si es bonita!…¡Si yo no fuera de cristal…!
Eugenio Zamora Martín
No 78, Julio-Agosto 1977
Tomo XII – Año XIII
Pág. 501
—¡Ahí viene esa vieja horrorosa a preguntarme otra vez si es bonita!…¡Si yo no fuera de cristal…!
Eugenio Zamora Martín
No 78, Julio-Agosto 1977
Tomo XII – Año XIII
Pág. 501
—¡Claro! ¿Quién rayos va a pedirle peras al olmo, cuando el olmo lo que produce son castañas?
Eugenio Zamora Martín
No 78, Julio-Agosto 1977
Tomo XII – Año XIII
Pág. 501
—¡Señora, usted parece la esposa de un minotauro! —dijo el muchacho mirándole el busto
Eugenio Zamora Martín
No 78, Julio-Agosto 1977
Tomo XII – Año XIII
Pág. 501
El vaso, equivocado, cogió al hombre, lo llevó a la boca y se bebió el contenido de su sed.
Eugenio Zamora Martín
No 71, Enero-Marzo 1976
Tomo XI – Año XI
Pág. 538
El sombrero entró en la sala y colgó al hombre en la pared.
Después fue hasta la cocina y ¡cual no sería su sorpresa al ver a las chuletas friendo la sartén.
Eugenio Zamora Martín
No 70, Julio-Diciembre 1975
Tomo XI – Año XI
Pág. 423
Dicen, que porque tengo la boca en el ombligo, soy un ser extrañísimo, sin embargo, yo no lo veo raro.
Dicen, que porque tengo las manos en la cara y las orejas en los muslos, soy algo monstruoso, sin embargo, tampoco lo veo extraño. Pero… claro, es posible que sea la costumbre.
Quizás pudiera ver las cosas diferentes si no tuviera ojos en los pies.
Eugenio Zamora Martín
No 70, Julio-Diciembre 1975
Tomo XI – Año XI
Pág. 423
—¡Qué suerte la mía! —se lamentó el vestido de seda al ver las peligrosas curvas de su dueña.
Eugenio Zamora Martín
No 70, Julio-Diciembre 1975
Tomo XI – Año XI
Pág. 416
El profesor Wilocphene, gran sabio y medio alquimista citado por Thorpe, en su libro famoso “invenciones raras, pero efectivas”, gustaba de hacer inventos increíbles con nombres también increíbles.
De él se cuenta que en cierta ocasión construyó “El colador de alcayatas”, un pequeño aparato de diecinueve libras que era capaz de trasladar edificios completos a grandes distancias.
Según cuenta también el referido Thorpe, el sabio reunió los útiles siguientes: un buje de cemecán, una contrapelusa de pericandil, un cobertor o zepetroco, una barra de pericardán, una aguja de coser calderos, un contrapunzón con su cuchufleta y una piedra de amolar mandarrias. A todo esto le añadió una porción de pegamento de perilinaza y salió por fin el mencionado invento.
Durante varios días estuvo el sabio con su laboratorio robándole tiempo al sueño y al descanso. Cuando hubo terminado el artefacto lo mostró a sus incrédulos compañeros y uno de ellos, el Caballero de Torremolina, riendo de oreja a oreja, ofreció su palacio para que fuese trasladado de lugar. El sabio indicó que debía ser por la noche, antes que la luna saliera y su encumbrado amigo lo aceptó.
Al día siguiente, el burgués amaneció a la intemperie.
Eugenio Zamora Martín
No. 86, Marzo-Abril 1981
Tomo XIV – Año XVI
Pág. 599