Cuestión de ver

Dicen, que porque tengo la boca en el ombligo, soy un ser extrañísimo, sin embargo, yo no lo veo raro.

Dicen, que porque tengo las manos en la cara y las orejas en los muslos, soy algo monstruoso, sin embargo, tampoco lo veo extraño. Pero… claro, es posible que sea la costumbre.

Quizás pudiera ver las cosas diferentes si no tuviera ojos en los pies.

Eugenio Zamora Martín
No 70, Julio-Diciembre 1975
Tomo XI – Año XI
Pág. 423

El invento

El profesor Wilocphene, gran sabio y medio alquimista citado por Thorpe, en su libro famoso “invenciones raras, pero efectivas”, gustaba de hacer inventos increíbles con nombres también increíbles.
De él se cuenta que en cierta ocasión construyó “El colador de alcayatas”, un pequeño aparato de diecinueve libras que era capaz de trasladar edificios completos a grandes distancias.

Según cuenta también el referido Thorpe, el sabio reunió los útiles siguientes: un buje de cemecán, una contrapelusa de pericandil, un cobertor o zepetroco, una barra de pericardán, una aguja de coser calderos, un contrapunzón con su cuchufleta y una piedra de amolar mandarrias. A todo esto le añadió una porción de pegamento de perilinaza y salió por fin el mencionado invento.

Durante varios días estuvo el sabio con su laboratorio robándole tiempo al sueño y al descanso. Cuando hubo terminado el artefacto lo mostró a sus incrédulos compañeros y uno de ellos, el Caballero de Torremolina, riendo de oreja a oreja, ofreció su palacio para que fuese trasladado de lugar. El sabio indicó que debía ser por la noche, antes que la luna saliera y su encumbrado amigo lo aceptó.
Al día siguiente, el burgués amaneció a la intemperie.

Eugenio Zamora Martín
No. 86, Marzo-Abril 1981
Tomo XIV – Año XVI
Pág. 599