Un animal extraño

Sin embargo te digo que es cierto, me contaba Omniscentus, el pobre ciego de la esquina, antes de que sus blancos ojos de estatua dieran lugar a esas dos alegres y encarnadas oquedades. Hay cosas que siendo una pueden ser muchas. En ese momento ya no lo veía, pero sé que su voz enronqueció al continuar diciendo: “Como ese espeluznante animal que es gato y araña, esa horrible creatura de pelos, de patas, y de ojos que acecha a las niñas por las noches”. Yo me estremecí con sus palabras, fue como si adivinara la naturaleza de este animal extraño que todos confunden con un paraguas, y que se bambolea nervioso sobre mi cabeza cuando recorremos las calles tras los ciegos.

Fernando Ruiz Granados
No. 100, Septiembre-Diciembre 1986
Tomo XV – Año XXII
Pág. 634

Fernando Ruiz Granados

Fernando Ruiz Granados nació en la ciudad de México en 1958.  Al cumplir 17 años llegó a radicar a Xalapa Veracruz,  México. Ciudad en la cual tuvo lugar su formación cultural y académica. Es ahí donde lleva realizando su gran labor literaria, la cual consta de; Narrativa y Poesía. (Después de haber obtenido el diploma de Licenciado en Letras Españolas en la Universidad Veracruzana). “He tenido una fortuna inaudita en las letras.” –confiesa- Y su agradecimiento es irrebatiblemente justificado. Sus textos han sido publicados en más de once países de habla hispana, a la vez que han sido traducidos y difundidos en más de cinco idiomas.

Sus innumerables obras han sido publicadas por editoriales nacionales e internacionales. Le rituel du vautour. Col. L´Harmattan, Ediciones Noel Blandin, París, 1991. Poemas de Brindisi. Fondo Editorial Tierra Adentro, Conaculta, 1992. Mundo en resurrección. Col. El Ala del Tigre, UNAM, 1999. Desierto. Col. Literatura, Secretaría de Educación y Cultura, 1998. De Brindisi. Fondo Editorial Tierra Adentro, CONACULTA, 1992. Sólo por enumerar unos cuantos de los más de 15 poemarios y libros en prosa que integran su obra literaria.

Sus trabajos lo han hecho merecedor de más de 29 premios nacionales e internacionales.   Estos le han sido otorgados por grandes autores. Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde, 1990 (Alí Chumacero)  Premio Nacional de Poesía Jorge Cuesta, 2004 (Sergio Pitol)  Premio Latinoamericano de Poesía Plural, (Homero Aridjis) Premio Internacional de Poesía Salvador Díaz Mirón, (Hugo Gutierrez Vega)  La lista es larga para transcribirla toda.

Su vastísima labor cultural lo ha llevado a ser colaborador en ediciones literarias, fundador de publicaciones, director de certámenes literarios, y figura central en incontables eventos encaminados a propagar el arte del buen escribir.[1]

El faquir

Aún hoy, no consigo comprenderlo, el faquir no hizo otra cosa que pasar por sobre su cabeza el filoso alfanje para caer desmadejado como una marioneta sin hilos sobre el centro de la pista. Al principio, pensamos que su desvanecimiento era parte del espectáculo pero, cuando su inmovilidad se prolongó de manera exasperante, el público se levantó  de sus asientos, y miró con desconcierto el inerte cuerpo del faquir. Una ola de murmullos se abatió sobre mí, sumiéndome en la confusión, hasta que los gritos de alguien pidiendo un médico me hicieron salir de mi estupor. Me abrí paso entre la gente y revisé al faquir, nada se podía hacer: estaba muerto. Mientras las últimas personas  que quedaban en la carpa terminaban de salir, llegó una ambulancia y se llevaron el cuerpo. Yo quedé en el centro de la pista, conmocionado, me parecía absurdo que un hombre pudiera morir así, tan de repente, y esa oscura y común posibilidad me estremecía. Aturdido, pensé que lo mejor sería abandonar aquel lugar. Estaba por salir, cuando advertí que el alfanje con el que realizara su acto el faquir, había quedado en el suelo, junto a mis pies. Me incliné para recogerlo y observé cuidadosamente su sinuosa hoja, pasé despacio mis dedos sobre su filo y un estremecimiento me asaltó. No podía verla, pero esa maraña de hilos invisibles estaba ahí, enredándose entre mis manos ensangrentadas.

Fernando Ruiz Granados
No. 96, Enero-Febrero 1986
Tomo XV – Año XXI
Pág. 175