Los Kalakies


El pueblo es peleón hasta el punto de que se han tenido que prohibir las conversaciones. Se producían demasiados golpes y heridas mortales. En poco tiempo el país habría quedado despoblado.

¿El problema del matrimonio?… Uniones cortas, lo más cortas posibles.
En cuanto a que marido y mujer vivan juntos, eso nunca ha podido plantearse. Sería una verdadera provocación que no podría terminar más que en una rápida defunción.

En realidad sólo quedan unos pocos Kalakies.

Henri Michaux
No. 91, No. de 20 Aniversario – 1984
Tomo XIV – Año XX
Pág. 442

Los omambuses


Entre los pacíficos omambuses, una vez cada dos años, hay un reparto de mujeres. Es ése un día de gran alivio para muchos hombres. En ese mercado de mujeres se oyen más verdades útiles y crueles que en un mercado de jovencitas. Forzosamente.

El mercado está en Ornagis, una ciudad en forma de oruga, situada sobre una colina. Una sola calle serpentea de arriba abajo. Por lo tanto, un hombre atento que mire a la izquierda para subir y a la derecha para bajar, una vez de vuelta a la puerta de la ciudad, esta seguro de haber visto a todas las omambusas disponibles ese año

Henri Michaux
No. 90, 1984
Tomo XV – Año XIX
Pág. 247

Los arnadios


Los arnadios no son más importantes que los nijidios. Muy menuditos.

Pongo juntos a los bevinos, los suvgatos y los arnavases. Parece ser que se diferencian entre sí. Es posible. Prestando mucha atención. Son escépticos, evitan cuidadosamente la grandeza (y la de los demás no les impresiona salvo para hacerles reír, con esa risita seca de la cerilla al encenderse).

Sus mujeres son pequeñas, burlonas, como para no provocarlas, en una palabra: unas pizpiretas.

Darles una buena paliza, a todos y a todas, sería muy placentero. Es un pueblo donde el entusiasmo es imposible.

Henri Michaux
No. 90, 1984
Tomo XV – Año XIX
Pág. 270

Henri Michaux

Henri Michaux

(Namur, Bélgica, 24 de mayo de 1899 – París, 18 de octubre de 1984)

Poeta francés de origen belga, muy conocido también por sus pinturas y dibujos. Nació en Namur en el seno de una familia de clase media. En 1919 abandonó sus estudios de medicina y se embarcó en un largo viaje rumbo a Río de Janeiro y Buenos Aires. De regreso a París, en 1923, estudió literatura y después volvió a viajar hasta 1937 por la India, Asia y América del Sur. Su primer libro Quién fuí (1927) supuso su inmediato reconocimiento como escritor original, que superaba el terreno de los surrealistas, pese a sus afinidades con Rimbaud y Lautréamont. La trayectoria poética de Michaux fue desde el principio claramente espiritual: una vía para el conocimiento de sí mismo. Su creatividad verbal puede considerarse como un ejercicio visionario en el que las palabras, desligadas de su uso común, se emplean para transmitir más un impulso que un significado. Michaux exploró el ‘espacio interior’ de un modo similar al de Cendrars, y su imaginación poética se vio fortalecida por una intensa observación de la realidad, como se pone de manifiesto en sus novelas Ecuador (1929), relatos de sus viajes y peripecias en esa región de América del Sur, o Un bárbaro en Asia (1932). Michaux estaba fascinado por las obras de Paul Klee y W. Wols; desde 1925 buscaba un medio de expresión visual. En 1936 estuvo en Buenos Aires, en una reunión del Pen Club Internacional.De allí viajó a Montevideo, Uruguay, para visitar a su amigo el poeta Jules Supervielle. En ese viaje se enamoró profundamente de la poetisa Susana Soca. Michaux fue colaborador asiduo de la revista Sur, una revista literaria que se editaba en Buenos Aires para ayudar a difundir las actividades de la Resistencia francesa y posteriormente de la Francia de la posguerra. En 1937 empezó a dibujar y a pintar, siguiendo la misma pauta que empleaba en sus escritos: -un viaje a través de uno mismo-. Expuso con regularidad su obra plástica en la galería parisina Le Point Cardinal. Utilizaba siempre técnicas ligeras, y prefería la acuarela o la tempera al óleo. Sus dibujos y escritos a menudo se funden con formas gráficas que le permiten crear un universo poético propio. En 1956, descubrió las drogas alucinógenas y se aficionó a la mescalina. Fruto de esta experiencia son sus textos de -alienación experimental- que reflejan un estado de éxtasis de conciencia Paz en los quebrantes, 1959, pero también el desasosiego que los alucinógenos pueden inducir: El infinito turbulento (1957); Conocimiento en el abismo (1961); Las grandes pruebas del espíritu (1966).

Un hombre apacible

Desplegando los brazos fuera de la cama, Pluma se asombró de no topar con el muro. “Vaya, pensó, se lo habrán comido las hormigas”, y volvió a dormirse.

Un rato después, su mujer lo sacudió: “Mira, holgazán, le dijo, en lo que tú dormías, nos robaron la casa”: efectivamente, un cielo intacto se derramaba en todas direcciones. “Bah, si ya está hecho”, pensó.

Un poco después, escucharon un ruido. Era un tren que se les iba encima a toda velocidad. “Con lo apresurado que va, pensó Pluma, seguramente llegará antes”, y se volvió a dormir.

Luego los despertó el frío. Estaba empapado en sangre. Unos pedazos de su mujer yacían cerca de él. “Con la sangre, pensó Pluma, siempre surgen muchos disgustos; si ese tren no hubiera pasado, me hubiera alegrado mucho. Pero ya que pasó…” y se volvió a dormir.

—Veamos, decía el juez, ¿cómo explica usted que a su mujer la encontraran partida en ocho pedazos sin que usted, que estaba a su lado, pudiera hacer algo para impedirlo, sin siquiera darse cuenta? He ahí el misterio. Todo el problema está en eso.

—Si sigue por ese camino no puedo hacer nada por él—, pensó Pluma y se volvió a dormir.

—La ejecución se efectuará mañana. Acusado ¿tiene usted algo que añadir?

—Discúlpeme, dijo, no seguí el proceso. Y se volvió a dormir.

Henri Michaux (Trad. Elena Milán)
No. 100, Septiembre-Diciembre 1986
Tomo XV – Año XXII
Pág. 705