Cerró fuertemente los ojos y se hizo el firme propósito de cambiar. Cambiar radicalmente su modo de ser y sus costumbres: a partir del momento en que tomó esta decisión no volvería a abusar de su condición de hacendado para explotar hasta el agotamiento la capacidad de trabajo de sus peones: no ejercería el falso derecho de pernada cuando se registrara un matrimonio entre la gente de su hacienda; no satisfaría más las urgencias de su libídine obligando a sus peones a entregarle sus mujeres, sus hijas, sus hermanas…; no permitiría que se vendieran a precios exorbitantes los artículos de sus tiendas de raya, ni consideraría las deudas por ese concepto como hereditaria; no volvería a golpear ni mandar azotar a ninguno de sus peones…
Abrió los ojos, pero no pudo ver nada: los cubría una venda que tenía anudada alrededor de su cabeza. Entonces recordó… y nuevo propósito le vino a la mente: jamás volvería a tratar de engañar a ningún general zapatista.
Pero ya estaba de espaldas al paredón de fusilamiento…
Jesús Cisneros Palacios
No 45, Septiembre-Octubre 1970
Tomo VII – Año VII
Pág. 719