“Voy a dormir”, dijo con decisión; se colocó a la orilla de sus sueños, se asomó a fondo, y se precipitó lentamente.
Un movimiento brusco lo despertó; escuchó un ruidero de cristales, se asomó desde la orilla de su cama, y vio todos sus sueños rotos.
Jesús Falconi
No. 100, Septiembre-Diciembre 1986
Tomo XV – Año XXII
Pág. 641