Me llamo Coca Cola

Llegó un momento en que me desesperó vivir dentro de esta casa de cristal. De cristal tan grueso y posesivo como una amante gorda y miope.

Mirándome a través de los transparentes muros de mi hogar, las burlonas caras de los niños me recuerdan aquellos padres que extasiados, observan a los recién nacidos en sus incubadoras.

Tal vez las asfixiantes características de mi morada fueran soportables de no ser por el monótono cosquilleo del gas, que insolente, penetra hasta el último rincón del aposento.

Y sin embargo, a pesar de mi fastidio, el mayor temor que albergo es saber que algún día tendré que pasar mis últimas horas de vida en la abultada panza de algún mediocre burócrata, que sentado en su añejo sillón frente al televisor, se tome “su” coca-cola creyendo que yo, sí yo, soy “la chispa de la vida”

Jorge Antonio García Mora
No. 97, Marzo-Abril 1986
Tomo XV – Año XXI
Pág. 292