—Tengo fiebre pero no estoy delirando. Sé que me matas porque yo lo tengo todo y tú no tienes nada. Por eso me matas. ¿Verdad, Caín?
—Así es, por eso te mato. Pero insisto en que todavía estás delirando y la prueba de que aún estas delirando es que te has confundido: yo no soy Caín: tú eres Caín.
José Antonio Bernal
No. 90, 1984
Tomo XV – Año XIX
Pág. 300
