Del quinto evangelio

Después de que el diablo llevó a Jesús a una altura del desierto y le mostró el fastuoso panorama de los reinos de este mundo, el nazareno quedó admirado de la imprevista ingenuidad de su tentador, que pretendía (como hoy diríamos) apantallarlo con una vulgar ilusión óptica producida por la reflexión total de los rayos luminosos y por la diversas densidades de las capas de aire, y dijo:

—Me decepcionas, pobre diablo. El fenómeno es conocido con el nombre de espejismo. ¿No tienes algún truco mejor, por ventura?

José de la Colina, de “Espejismos”
No 78, Julio-Agosto 1977
Tomo XII – Año XIII
Pág. 541

José de la Colina
No. 89, Enero-Febrero 1984
Tomo XIV – Año XIV
Pág. 209

Magias de la miopía


Mi amigo era miope y como por coquetería donjuanesca se negaba a usar lentes le pasó que una mañana que iba por la calle advirtió de pronto en el suelo y al lado suyo una cosa blanca y larga y ondulante que fluía como un arroyuelo de leche y esto despertó su curiosidad y se puso a seguir tan curioso fenómeno y así recorrió y cruzó calles y más calles y finalmente entró bajo una gran puerta a un enorme ámbito en semioscuridad donde brillaban pequeñas luces en medio de una música majestuosa y allí aparecía concluir aquel fluir de lo blanco que ahora se alzaba vertical y tomaba la forma de una figura femenina que lo cogió de la mano al tiempo que sonaba una grave y solemne voz que decía:
—Os declaro marido y mujer.

José de la Colina
No. 116, Octubre – Diciembre 1990
Tomo XIX – Año XXVII
Pág. 423

El club de los despectivos


Situado detrás de la estación de Austerlitz, este club reunía socios despectivos. Las reuniones eran los lunes y se desarrollaban en un profundo desprecio. El procedimiento era siempre más o menos el mismo: el Presidente lanzaba una mirada despectiva sobre los socios; éstos lo miraban riendo burlonamente, o le volvían ostentosamente la espalda, o escupían al suelo. El Presidente alzaba los hombros y leía muy rápidamente y sin cuidado un texto trivial que luego arrugaba entre las manos. Estas reuniones no podían durar más de unos minutos a causa de la hostilidad que no cesaba de crecer entre los socios, a quienes sólo un mutuo desprecio les impedía pelearse. La situación no podía durar y, en efecto, sólo duró cuatro años, que no es poca cosa.

Chaval (traducción de José de la Colina)
No. 116, Octubre – Diciembre 1990
Tomo XIX – Año XXVII
Pág. 370

El doble


El elegante señor Pelham combatía contra un doble infernal, un ser maligno que tomaba su forma, imitaba su lenguaje, adoptaba sus costumbres, lo sustituía en actos públicos, en todos los lugares, incluso en su domicilio. Deseando suprimir a ese reflejo suyo, el señor Pelham decidió un día realizar un acto anormal, que rompiera con la rutina de sus costumbres y fuera al mismo tiempo tan menor que pudiera escapar a la sagacidad sobrenatural del doble. Compró una corbata chillona, de diseño y colores atroces, se la anudó valientemente y entró en su propia casa, donde sabía que lo esperaba el doble sin esa horrible corbata de la que no podría haber otro ejemplar. Este iba a ser el triunfo del atribulado señor Pelham. La confrontación entre los dos adversarios ocurrió ante el mayordomo del señor Pelham, un hombre que lo había servido cerca de treinta años, y que, desconcertado, no acertaba a distinguir quién era el amo falso y quién el verdadero. Entonces el impostor asestó un argumento aplastante, en la forma de esta pregunta dirigida al sirviente:

—¿Me has visto alguna vez, James, llevar una corbata tan vulgar?

Anthony Armstrong (Versión resumida por José de la Colina)
No. 116, Octubre – Diciembre 1990
Tomo XIX – Año XXVII
Pág. 366

Espejismos. Una pasión en el desierto.


El extenuado y sediento viajero vio que le hermosa mujer del oasis avanzaba hacia él cargando un ánfora en la que el agua danzaba al ritmo de las caderas.
—¡Por Alá —gritó—, dime que esto no es un espejismo!
—No —respondió la mujer, sonriendo—. El espejismo eres tú.
Y en un parpadeo de la mujer, el hombre desapareció.
José de la Colina
No. 89, Enero-Febrero 1984
Tomo XIV – Año XIV
Pág. 176

José de la Colina

José de la Colina nació en Santander en1934, en una familia de marineros, albañiles y tipógrafos, su padre era cajista de imprenta y militante anarcosindical enla CNT. De ese señor hereda la pasión por las letras. Así se refiere De la Colina a sus años de formación en una entrevista reciente con Fernando García Ramírez:

[…] cuando yo dejé la primaria, cursada en el colegio Madrid, sólo soporté un año de prevocacional en el Politécnico. Y empecé a desertar de las aulas, a vagabundear por la ciudad de México (que no era entonces la impaseable Esmógico City). Leía paseando, me metía a los cines, y eventualmente, más tarde, hacia finales de los años cuarenta, empecé a actuar y escribir en programas de radio para niños y adolescentes […] No tengo secundaria ni preparatoria ni, mucho menos, Facultad de Letras, Soy, ahora bien o para mal, autodidacta. Mi universidad fue la lectura.

Se sabe también que, luego del destierro, fue recluido con su familia en un campo de concentración en Francia, en Argèles-sur-Mer. Desde 1955, en que José de la Colina entra en fuego con Cuentos para vencer a la muerte, en la colección Los Presentes animada por Juan José Arreola, hasta la corriente actualidad, De la Colina no ha dejado de ensayar y de experimentar, probar, improvisar y renovar las variedades genéricas y formales, técnicas y prosódicas del cuento, la fábula y toda suerte de hormas y cuerdas que admite el género.

José de la Colina es narrador (Ven, Caballo girs, La tumba india, Tren de historias, El álbum de Lilith, Portarrelatos); ensayista (Miradas al cine, Libertades imaginarias); integrante de los consejos de redacción de Revista Mexicana de Literatura, Plural y Vuelta, entre otras publicaciones; subdirector de Sábado, de Unomásuno, columnista en Letras Libres y ex coordinador de El semanario Cultural, de Novedades. También es traductor y crítico literario y de cine. Ha recibido el Premio Nacional de Periodismo Cultural y el Premio Mazatlán de Literatura, y es miembro del Sistema de Creadores de Arte. También fue director, alternando con Juan Antonio Ascencio, de El cuento. Revista de imaginación después de la muerte de Edmundo Valadés en 1994.[1]


[1] Tomado de Castañón, A., “José de la Colina: Fiesta de la prosa en el mundo” en De la Colina, J. Traer a cuento. Narrativa (1959-2003). México, F.C.E., 2004., y Perucho, J., “Estelas del cuento brevísimo en México. José de la Colina” en Dinosaurios de papel. El cuento brevísimo en México. México, Ficticia-UNAM, 2009.

Retorno

Tras arduas buscas, un aviador lo percibió a la mitad del desierto. En el viaje de retorno fue hundiéndose en el silencio, con la mirada perdida bajo los párpados inmóviles aún blanqueados de arena. Se mantuvo indiferente a los gritos de alegría, los abrazos y las caricias de los suyos, a las preguntas de los periodistas, a los lampos de los fotógrafos. Tardó algún tiempo en adaptarse a la —como suele decirse— vida común y corriente, y a la ciudad, y a los trabajos y los días, y al acto conyugal y al futbol por televisión. A veces, solo, en la alta noche, se enfrentaba al espejo de la salita hogareña, no para mirarse, sino para contemplar el solitario horizonte de arena y cielo y luz que veía extendido a sus espaldas, y se preguntaba si su exilio duraría toda la vida.

José de la Colina
No. 89, Enero-Febrero 1984
Tomo XIV – Año XIV
Pág. 145