Una y otra vez desgarró su piel frente al espejo, tratando de quitar la máscara que cubría su rostro. Una y otra vez. De pronto se detuvo, no tenía caso proseguir: la máscara era su verdadero rostro.
José Luis López Goytia
No. 116, Octubre – Diciembre 1990
Tomo XIX – Año XXVII
Pág. 308