Cuando la muda quiso reaccionar, ya era tarde: había recuperado el habla.
José Vizcaíno Pérez
No 45, Septiembre-Octubre 1970
Tomo VII – Año VII
Pág. 750
Cuando la muda quiso reaccionar, ya era tarde: había recuperado el habla.
José Vizcaíno Pérez
No 45, Septiembre-Octubre 1970
Tomo VII – Año VII
Pág. 750
Hace años me encontré, de pronto, en el extremo de un salón de los espejos. Enfrente de mí, en el otro cabo, estaba yo mismo, en actitud como de esperarme.
Bastaba cruzar la sala para juntarme conmigo. Comencé a caminar… más noté que al mismo tiempo que me acercaba, me alejaba yo de mí mismo. Tuve que detener la marcha, para no distanciarme demasiado.
Todavía sigo caminando, acercándome y alejándome a la vez. Y no puedo llegar a mi propio encuentro, por el temor de perderme.
José Vizcaíno Pérez
No 45, Septiembre-Octubre 1970
Tomo VII – Año VII
Pág. 750
Cuando nació Matusalem, los arúspices pronosticaron: “no vivirá mucho tiempo”
José Vizcaíno Pérez
No 45, Septiembre-Octubre 1970
Tomo VII – Año VII
Pág. 742
—Me han dicho que tú eres un hombre…
—Sí.
—Un hombre normal, común y corriente, igual a todos los demás…
—Sí.
—Y que, además, has encontrado el secreto de la felicidad…
—Sí.
—Y que eres capaz de compartir ese secreto con todos tus semejantes…
—Sí.
—¿Conmigo, por ejemplo?…
—Sí.
—Dímelo…
—Hablo poco y jamás contradigo.
—¿Es todo?…
—Sí.
—Oye, ¡pero eso no es posible!…
—No.
José Vizcaíno Pérez
No 45, Septiembre-Octubre 1970
Tomo VII – Año VII
Pág. 728