Un saludo, Juan…


Todos los aparatos de la secreta base dieron la alarma, radares y sonares anunciaban el peligro y los veloces cazas bombarderos, las lanchas torpederas, los cruceros, todos, todos, todos ellos en cosa de segundos llegaron hasta el ubicado punto de peligro. El despliegue defensivo fue perfecto, pasmoso en su celeridad y en lo preciso, todas las armas apuntaban al océano. De pronto, salió, salió a la superficie. Era un extraño aparato, pintado de amarillo con unas flores pintadas en la proa, un submarino amarillo muy hermoso, inofensivo, del que salió John Lennon tocando su guitarra.

—Hi fellows— dijo, y comenzó el concierto.

Luis A. Chávez
No. 89, Enero-Febrero 1984
Tomo XIV – Año XIV
Pág. 183

Luis A. Chávez
No. 91, No. de 20 Aniversario – 1984
Tomo XIV – Año XX
Pág. 406

La tartamuda

Muy lentamente, salió de su escondite oscuro y estrecho.

Era espigada y siniestra, metálica y fría, sin sentimientos. Pero, cuando hablaba, enrojecía y nadie quería escucharle (a excepción de los de su familia).

Esa ocasión, bajó del Cadillac y dijo:

—Ta, ta, ta, ta…

Y seis hombres cayeron muertos, atravesados por sus balas.

Luis A. Chávez F.
No. 83, Septiembre-Octubre 1980
Tomo XIII – Año XVI
Pág. 282