
La mujer le dejó saber con la mirada que quería decirle algo. Leoncio accedió, y cuando ella se apeó del bus él hizo lo mismo. La siguió a corta pero discreta distancia, y luego de algunas cuadras la mujer se volvió. Sostenía con mano firme una pistola. Leoncio reconoció entonces a la mujer ultrajada en un sueño y descubrió en sus ojos la venganza.
—Todo fue un sueño —le dijo—. En un sueño nada tiene importancia.
—Depende de quien sueñe —dijo la mujer—. Este también es un sueño.
Luis Fayad
No. 91, No. de 20 Aniversario – 1984
Tomo XIV – Año XX
Pág. 435


