Álvaro Mutis

 Poeta y narrador colombiano. Nació en Bogotá aunque pasó parte de su infancia en Bélgica y desde la década de 1960 reside en México. Empieza muy joven a colaborar en revistas literarias y publica su primer libro de poemas, La balanza, en 1947, en colaboración con Carlos Patiño. Los elementos del desastre (1953) es un poemario donde aparece por primera vez su emblemático personaje Maqroll el gaviero, uno de los grandes hitos de la literatura en lengua española de este siglo. Hacia 1960 inicia un viraje hacia la prosa, con Diario de Lecumberri, escrito en la cárcel mexicana del mismo nombre. En 1973 publica la novela La mansión de Araucaíma y recoge sus poemas desde 1948 a 1970 en Summa de Maqroll el gaviero. En 1983, se le concede el Premio Nacional de la Literatura de Colombia. Entre sus otras obras en prosa merecen destacarse La nieve del almirante (1986), que recibió en Francia el premio a la mejor novela extranjera, Ilona llega con la lluvia (1988), Un bel morir (1989), La última escala del Trump Steamer (1990), Amircar (1990) y Abdul Bashur, soñador de navío (1991). Tanto en poesía como en narrativa, Mutis utiliza un lenguaje discursivo, lleno de imágenes y sugerencias del más allá, con Maqroll como testigo de tragedias de muerte y degeneración

El guardián

Había sido antaño soldado de fortuna, mercenario a sueldo de gobiernos y gentes harto dudosas. Frecuentador de bares en donde se enrolaban voluntarios de guerras coloniales, hombres de armas que sometían a pueblos jóvenes e incultos que creían luchar por su libertad y sólo conseguían una ligera fluctuación en las bulliciosas salas dela Bolsa.Lefaltaba un brazo y hablaba correctamente cinco idiomas, Olía a esas plantas dulceamargas de la selva que, cuando se cortan, esparcen un aroma de herida vegetal.

Al llegar no habló con nadie. Fue a refugiarse en un cuarto de los patios interiores. Allí descargó ruidosamente su mochila de soldado, ordenó sus pertenencias, según un orden muy personal, alrededor de un saco de dormir, prendió su pipa y se puso a fumar en silencio. Pasados algunos días alguien le descubrió, mientras se bañaba en el río, un tatuaje debajo de la axila derecha con un número y un sexo de mujer cuidadosamente dibujado. Todos le temían con excepción del dueño, a quien le era indiferente, y del fraile, que sentía por él cierta adusta simpatía. Sus maneras eran bruscas, exactas, medidas y en cierta forma un tanto caballerescas y pasadas de moda.

Desde cuando llegó le fueron confiadas ciertas tareas que suponían una labor de control sobre las entradas y salidas de los demás habitantes de la mansión. Todas las llaves de cuartos, cuadras e instalaciones de beneficio estaban a su cuidado. A él había que acudir cada vez que se necesitaba una herramienta o había que sacar los frutos a vender. Nunca se supo que negara a nadie lo que solicitaba, pero nadie tomaba algo sin comunicárselo a él, ni siquiera al dueño. De su brazo ausente, de cierta manera rígida de volver a mirar cuando se la hablaba y del timbre de su voz emanaban una autoridad y una fuerza indiscutibles.

En el desenlace de los acontecimientos se mantuvo al margen y nadie supo si participó en alguna forma en los preliminares de la tragedia. Se llamaba Paul y él mismo solía lavar la ropa a la orilla del río con un aire de resignación y una habilidad adquirida con la costumbre, que hubieran enternecido a cualquier mujer. Sus largos ratos de ocio los pasaba tocando en la armónica aires militares. Era incómodo verlo con una sola mano y ayudándose con el muñón arrancar aires marciales al precario instrumento.

Álvaro Mutis
 No. 111-112, Julio-Diciembre 1989
Tomo XVII – Año XXVI
Pág. 591

Hooligans

 

Esa mañana al salir de casa, mamá me dio su bendición con lágrimas en los ojos. Me llevaban al fut por primera vez en más en mis  cinco años, aunque me chocaba ir con casco y coraza. Papá decía que echaban concreto de las gradas de arriba. Consideraba único el ambiente en vivo. Los del sol entraban con sus marros y la policía no se atrevía a decirles nada.

Éramos once hermanos, yo el más chico. A mi padre le gustaba mucho ir con nosotros. Mis hermanos no lo acompañarían nunca más.

Enrique G. Saavedra
No. 111-112, Julio-Diciembre 1989
Tomo XVII – Año XXVI
Pág. 594

Jorge Luis Borges

Nació en Buenos Aires el 24 de agosto de 1899. Fue bilingüe desde su infancia ya que su abuela materna le hablaba en Inglés. “Georgie”, como le decían en casa, tenía apenas seis años cuando dijo a su padre que quería ser escritor. En 1910 aparece su primera publicación en el diario El País, de Buenos Aires, donde tradujo El príncipe feliz, de Oscar Wilde. En 1914, el padre de Borges se jubiló debido a su ceguera casi total, por lo que la familia pasó una temporada en Europa. Sorprendidos por la guerra, se instalaron en Ginebra donde el joven Borges escribió algunos poemas en francés y cursó la preparatoria (1914-1918). Vivió en España de 1919 a 1921 y dos años después la familia regresó a Buenos Aires. En 1923 publicó el poemario Fervor de Buenos Aires.

En 1924 vieron la luz dos libros más de poemas: Luna de enfrente e Inquisiciones. Durante los siguientes años se dedicó a escribir cuentos y poemas sobre temas muy argentinos como el tango y las peleas de cuchillo. En 1927 se sometió a una operación de los ojos, con los años escribiría su “Poema de dones”, donde alude a su ceguera (verdadero estigma familiar). Más tarde abordó temas de corte fantástico, género en el que se enmarcan sus ficciones más reconocidas en todo el mundo. En 1949 apareció El Aleph, libro de cuentos donde Borges reelabora sus obsesiones sobre el espacio y el tiempo circular. En 1961 compartió con el escritor Samuel Beckett el Premio Formentor, otorgado por el Congreso Internacional de Editores. En 1967, a los 68 años, se casó con Elsa Astete Millán, la unión duró hasta octubre de 1970; durante ésta década fue nominado al Premio Nobel de Literatura. Años más tarde, se casó con María Kodama, de 49 años. En 1980 se le otorgó el Premio Cervantes. Murió en Ginebra el 14 de junio de 1986. Su obra abarca ensayo, poesía y cuento. Entre sus poemarios destacan: El otro, el mismo; Elogio de la sombra; El oro de los tigres, La rosa profunda y La cifra; entre sus libros de relatos, traducidos a casi todos los idiomas, pueden citarse: Ficciones; El Aleph; El jardín de los senderos que se bifurcan y El hacedor.