Gerardo Cornejo Murrieta

Gerardo Cornejo Murrieta

Nació en 1937 en la sierra alta de Sonora, en el pueblo de Tarachi. Más tarde, siendo estudiante, trabajó como voluntario en asociaciones no gubernamentales en campamentos de servicio en México, Francia e Italia. Colaboró también en el Programa de Desarrollo dela Comunidad Rural de la Secretaría de Salubridad y Asistencia.

Licenciado en Derecho porla UNAM. Trabajó algunos años en despachos jurídicos. Creó la Fundación para Estudios de la Poblaciónen donde desarrolló diversos programas de planificación familiar, investigación demográfica, sociológica y médica. Fungió como director ejecutivo durante 16 años, y viajó a más de cuarenta países como asesor para programas del Fondo de Naciones Unidas para Actividades de Población.

Fundó la Asociación Mexicanade Población,la Sociedadde Escritores Sonorenses y El Colegio de Sonora. Ha sido coordinador de la SOGEM para la región del norte de México y asesor de institutos estatales de cultura. En 1982 obtuvo el grado de maestro en Estudios Latinoamericanos en la UNAM. Regresó a Sonora donde fundó El Colegio de Sonora, siendo rector hasta 1998. Al retirarse,l a Juntade Gobierno de esta institución lo nombró Profesor Investigador Emérito.

 Ha participado como profesor invitado en diversas universidades nacionales y extranjeras como la Columbia University en Nueva York, UCLA en California, Arizona State University en Phoenix, University of Arizona en Tucson, University of Texas en el Paso y Austin, El Colegio de Jalisco, Universidad Veracruzana, Universidad Autónoma Metropolitana en la UAM Azcapotzalco, entre otras.

Su obra se desarrolla básicamente en la publicación de novelas, ensayos y cuentos, pero también ha abordado la poesía. Se incluye en el Diccionario de Escritores Mexicanos publicado porla UNAM. Representa una de las voces más originales del norte de México al lado de Daniel Sada y Jesús Gardea, y es uno de los autores de Sonora más estudiado. En 1999 se dio el nombre de Gerardo Cornejo al concurso nacional de narrativa de los Juegos Trigales convocado por instituciones del estado de Sonora y desde el 2008 la biblioteca de El Colegio de Sonora lleva su nombre.

 Ha publicado las novelas: La sierra y el viento (1977), Al norte del milenio (1989), Juan Justino Judicial (1996), Lucía del Báltico; los libro de cuentos: El solar de los silencios (1983), Pastor de fieras (1999), Oficio de alas (2004) y Microbios de luz (2005); crónica: Como temiendo al olvido (1998); los ensayos: Las dualidades fecundas (1986), Inventario de voces (1992), Voz viva de México (1990); la antología de narrativa Cuéntame uno (1986); en poesía: Balada de cuatro rumbos; y el disco Voz viva de México editado por la UNAM.

Su novela La sierra y el viento, con seis ediciones, forma parte de la Colección de Lecturas Mexicanas del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. Esta publicación mereció una placa de bronce en el monumento a los pioneros de Ciudad Obregón, Sonora, la cual reproduce un fragmento de la novela. El ayuntamiento de esta ciudad publicó una edición de lujo para conmemorar el cincuentenario de su fundación.

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Descuido

El Brahaman, espiritual y etéreo, caminaba por la selva cuidadosamente, casi flotando, para no atentar contra ninguna forma mínima de vida. Inmerso en el mundo de lo minúsculo, cuidaba de no pisar las hormigas y los gusanos; de no estropear las alas de las mariposas con las faldas de su túnica anaranjada; de no aplastar los insectos bajo sus sandalias delicadas.
Por eso, no se dio cuenta de que, sigilosamente, salía de la espesura el tigre que lo devoró.
Gerardo Cornejo Murrieta.
No. 111-112, Julio-Diciembre 1989
Tomo XVII – Año XXVI
Pág. 637

Sonidos selenitas

El primer hombre que posó sus plantas en la Luna llevó consigo, entre su equipo científico, una pequeña grabadora magnetofónica. Durante su excursión por los cráteres lunares hizo funcionar el aparato, a sabiendas de que en nuestro satélite no se propaga el sonido.

Al volver a la tierra, el astronauta y los demás científicos constataron con sorpresa que la cinta había registrado poemas, música y canciones que desde siglos atrás los terrestres le han dedicado a Selene.

Por supuesto, no faltan en la grabación maullidos de gatos, aullidos de lobos y de perros y hasta el infantil estribillo de “Luna, Luna, dame pan…”

Se dice que tan importante documento sonoro se guarda en los archivos secretos dela NASA.

Salvador Herrera García
No. 111-112, Julio-Diciembre 1989
Tomo XVII – Año XXVI
Pág. 647

El hombre sin rostro

El hombre sin rostro es un conocido visitante de los sueños. Aparece como un enigma en el centro de nuestra conciencia atribulada. No es un personaje común. Es un intermediario que sabe muy bien cuándo se requiere su asistencia. Viene siempre abriéndose paso por un sendero de resplandores azules. Hay como cristalitos en el aire y si los sentidos no están muy aturdidos por la expectación ante lo desconocido se puede percibir a su alrededor un olorcillo rancio.

El hombre sin rostro ni mira ni habla, pero escucha muy bien, se ve cuán concentrado y ensimismado anda. Es como el esquema de un hombre hueco por dentro que provoca, por eso mismo, escalofrío. Parece, además, el investigador de un crimen.

Viene por el sendero y uno lo encuentra sorpresivamente. A veces lo lleva a uno a una casa oscura o lo pasea por una ciudad deshabitada. Es cuando el sueño se asemeja a un cuadro de Chirico. Pero a mí me llevó esta vez a un tribunal donde todos los jueces, los escribientes y el público no tenían rostro. El acusado sí. Tenía rostro, pero no era yo.

Yo me senté en la primera fila y lo contemplaba de hito en hito, primero con asombro, luego con curiosidad, después con repugnancia, más tarde con piedad y, finalmente con molestia.

Al producirse el veredicto me instaron con gestos a que yo lo leyera en alta voz. En realidad, yo era el único que podía hacerlo. El papel traía las frases de rigor y la condena se expresaba de modo suscinto. Decía; “Se le borrará el rostro con una esponja”. Un ujier se levantó, mojó la esponja en un balde y le borró la cara. Los demás aplaudieron y yo me desperté temblando.

Emilio Sosa López
No. 111-112, Julio-Diciembre 1989
Tomo XVII – Año XXVI
Pág. 645

El viaje

El constructor de un audaz sistema de transportación instantánea se vio en la dificultad de encontrar un lugar para comprobar que su invento funcionara correctamente. Escogió el más alejado en el universo al que pudiera llevarlo su máquina y ella lo dejó, en el mismo instante, exactamente en el punto de partida.

Óscar López Monroy
No. 111-112, Julio-Diciembre 1989
Tomo XVII – Año XXVI
Pág. 644