Descuido

El Brahaman, espiritual y etéreo, caminaba por la selva cuidadosamente, casi flotando, para no atentar contra ninguna forma mínima de vida. Inmerso en el mundo de lo minúsculo, cuidaba de no pisar las hormigas y los gusanos; de no estropear las alas de las mariposas con las faldas de su túnica anaranjada; de no aplastar los insectos bajo sus sandalias delicadas.
Por eso, no se dio cuenta de que, sigilosamente, salía de la espesura el tigre que lo devoró.
Gerardo Cornejo Murrieta.
No. 111-112, Julio-Diciembre 1989
Tomo XVII – Año XXVI
Pág. 637

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