Carlo Antonio Castro

(Santa Ana, El Salvador 1926 – Xalapa, Veracruz 2010)

Etnólogo, antropólogo, poeta, lingüista, cronista, traductor, novelista, escritor incansable, académico, Carlo Antonio Castro fue una mente lúcida que dedicó la mayor parte de las horas de su vida al trabajo intelectual. “Mi mayor felicidad es poder escribir cada día algo nuevo”, solía decir”.

La finca de su padre José Cipriano Castro Bernal en Santa Ana, El Salvador, que lo vio nacer un 18 de julio de 1926, y el encuentro con Chiapas años más tarde como joven antropólogo, lo llevaron por el mundo de las lenguas y la cultura. “Mi padre tenía una biblioteca espléndida, magnífica y los niños podíamos explorar la parte baja porque había una parte alta, reservada sólo para nuestro padre. En la parte baja conocí a Emilio Salgari que pronto dejé por Julio Verne y Los hijos del Capitán Grant, un libro extraordinario de aventuras. Mi padre fue quien me ayudó a distinguir entre la geografía real, las ficciones de la historia y la realidad. Él me iba leyendo y haciéndome entrar en una de las grandes obras de la literatura universal”

Cuando llegó a Xalapa y dio su primera cátedra enla Universidad Veracruzana el 6 de febrero de 1958 —a invitación directa del entonces rector y eminente antropólogo Gonzalo Aguirre Beltrán—, Carlo Antonio Castro ya era poseedor de una vasta experiencia en el mundo lingüístico y etnológico.Durante cincuenta años Carlo Antonio Castro consagró su actividad académica ala Universidad Veracruzana, quien le reconoció su gran esfuerzo y le otorgó el Doctorado Honoris Causa el 8 de septiembre de 2004

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Variaciones sobre el mayordomo

Misterio

Al concluir la novela policiaca supo el lector que el suicida era el mayordomo.

Espejo

En la última página, el autor se dio cuenta de que el mayordomo era él mismo.

Asesoría

Leída la novela policiaca sin que apareciera el criminal, el acaudalado lector pidió a su mayordomo que le aclarara el misterio

Cambio de piel

El aficionado llamó al mayordomo para que le diera la clave de la novela policiaca. Este no se presentó ¡Había renunciado a la literatura!

Al pie de la letra

El mayordomo aprovechó el sueño del lector de la rara novela policiaca para desprender, cuidadosamente, el último capítulo del único ejemplar asequible. Su inocencia quedó asegurada por un lapso prudencial.

Carlo Antonio Castro
No. 111-112, Julio-Diciembre 1989
Tomo XVII – Año XXVI
Pág. 687

Sísifo escribe

Aquí empieza el autor a escribir un cuento; no le es difícil llegar al nudo y se siente contento por ello.
Trata de alcanzar el final lo antes posible, pues este es un relato breve.
El redactor nota alarmado que hay ya demasiadas palabras usadas en este cuento y no tiene un desenlace todavía.
El cuento sigue creciendo sin control…
Lo mejor es volverla principio e intentar hacer más breve el cuento: el autor escribe un cuento; alcanza el nudo sin dificultad. Trata de llegar al final sin tardanza…
Óscar López Monroy
No. 111-112, Julio-Diciembre 1989
Tomo XVII – Año XXVI
Pág. 701

La derrota del general

El general ya estaba ahí, montado en su caballo, con la espada en su mano derecha apuntando hacia arriba, lista para indicar el inicio del combate

Era evidente que la lucha iba a ser desigual: el enemigo contaba con armas más poderosas; en cambio el general abrigaba la esperanza de que aquellos hombres que estaban a punto de abrir fuego en su contra recordaran las heroicas hazañas que lo hicieron merecedor del grado que orgullosamente ostentaba: general de división; sólo eso podía salvarlo de la derrota.

La batalla se inició a las ocho con treinta minutos para ser exactos; fue una lucha demoledora, sangrienta; no hubo momento de tregua alguna: la artillería no dejó de activar hasta la victoria.

A las seis de la tarde la plaza quedó en silencio, vacía; únicamente algunos escombros quedaron esparcidos sobre la explanada, en tanto un periodista tomaba fotografías de aquella escena.

Por fin la estatua del general había sido derruida.

Juan Ramón Manjarrez
No. 111-112, Julio-Diciembre 1989
Tomo XVII – Año XXVI
Pág. 693