María Elena Solórzano Carvajal

Nace el 9 de abril de 1941 en la Ciudadde Delicias Chihuahua. Profesora de Educación Primaria, Bióloga egresada de la Escuela NormalSuperior de México y Licenciada en Letras Hispánicas (UNAM).

Poeta y Cronista de Azcapotzalco. Promotora cultural honoraria en la delegación Azcapotzalco, desde 1980. Miembro del Consejo de la Crónica de Azcapotzalco y socia fundadora de la revista La pluma del ganso desde 1996.

Ha participado en múltiples encuentros de escritores, poetas y cronistas.

Tiene publicados 18 libros de poesía, en publicaciones colectivas y antologías nacionales e internacionales. Como poeta ha recibido diversos premios, el más reciente: Premio Nacional de Poesía Tintanueva 2007.

Obtuvo mención honorífica por el relato El cometa, Real de Minas de San Joseph del Parral, Chihuahua (1981) y un reconocimiento por Crónicas y relatos de la solidaridad en la reconstrucción, Museo de Culturas Populares y Secretaría de Desarrollo Urbano y Ecología (1987). Segundo lugar en el concurso Sábado…Distrito Federal con la crónica María, la de Tacuba, Dirección General de Culturas Populares (1988).

Coautora de los libros Cuéntame tu milagro (1997); Memoria de Azcapotzalco: 2ª parte (1999); “De Azcapotzalco, sus hormigas” (2000); Voces Tepanecas (2001); Leyendas de Azcapotzalco I (2003); Crónica y Memoria de Azcapotzalco (2003).

Sus libros mas recientes como autora son El barrio de San Lucas Atenco (2007) y Los oficios de los abuelos (2007).

Televisión

Después de cenar alzamos la mesa y subimos al cuarto de la tele. Papá cambia los canales todo el tiempo y los demás protestamos y mamá se pone a tejer y mis hermanas se sientan siempre enfrente de mí. A veces peleamos un poco y papá nos pega un grito o se tira al piso para hacernos cosquillas y lucha con nosotros como si fuéramos tigres. Pero al rato ya estamos callados. Vemos los anuncios y si se hace tarde pedimos a gritos que nos dejen otro rato y mis hermanas se ríen o se asusta o dicen mira que mango y me empujan o me pegan cuando nadie las ve. Papá se sienta al lado de mamá y la abraza  forcejeando como si también ellos fueran tigres y le hace cosquillas o le tapa los ojos y ella se pone seria y sacude los hombros y dice no seas indiscreto y le pide que la deje en paz. Luego la calle se va quedando quieta y no se oye otra cosa que la televisión y mis hermanas ya no dicen nada porque tienen sueño o están viendo los programas.

Entonces me acuesto en la alfombra como si fuera a dormirme y me cubro la cara con las manos. Me vuelvo sin que nadie se dé cuenta, me voy acomodando de manera que, entre los dedos, pueda ver cómo crecen, como suben desde los zapatos de tacón alto, como se pierden en los pliegues de la falda las firmes, blancas, suaves, dulces, perfumadas, piernas de mamá

Felipe Garrido
No. 111-112, Julio-Diciembre 1989
Tomo XVII – Año XXVI
Pág. 735

Personas sacrificadas

El único antídoto contra el temor de la muerte es que la vida se nos vuelva intolerable. Xantipa, la mujer de Sócrates, preveía que su marido sería obligado a beber la cicuta. Se dedicó a hacerle la vida imposible sólo para que, llegado el momento de morir, Sócrates viese en la muerte una liberación y tomara la cicuta con la parsimonia que tanto iban a alabarle.

Marco Denevi
No. 111-112, Julio-Diciembre 1989
Tomo XVII – Año XXVI
Pág. 731