La cita

Un hombre sano y feliz siente de pronto un frío de la muerte. Busca cognac, equivoca los frascos, bebe veneno, se tiende a tiempo a fallecer.

Juan Aburto
No. 64, Abril – Mayo 1974
Tomo X – Año XI
Pág. 491

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La otra

Mi camino hacia el trabajo no suele tener atractivo, me voy pensando en lo que haría si me sacara la lotería, luego viene a mi mente el número cabalístico y por fin nunca compro el billete y ahí queda todo.
Aquella mañana todo hubiera sido igual, pero tenía un dolor en el cuello, me molestaba el esternocleidomastoideo, estaba tenso el músculo ése. (Me gusta decir esternocleidomastoideo, suena rimbombante y además es el único que me sé).
Al llegar a la oficina se incrementó el malestar y estuve a punto de tomarme un par de aspirinas; no hice tal, no recuerdo por qué. Seguí tolerándolo el resto del día.
Recordé la nochecita anterior: después de la cena, las copas, llegar y encontrarla ahí, reposada. No quise encender la luz por no incomodar, así que en silencio me desvestí, me puse medio pijama y al entrar a la cama la desconocí; era más alta, un poco más voluminosa y olía diferente. Permanecí quieto unos minutos, pero no logré conciliar el sueño; no era ella definitivamente.
Una hora después, ya desesperado, extendí la mano y con leves movimientos desperté a mi mujer, —¡Oye, ésta no es mi almohada!
Pedro A. González
No. 111-112, Julio-Diciembre 1989
Tomo XVII – Año XXVI
Pág. 752

De patos agresores y escopetas inermes

La insinuación de que los patos le puedan tirar a las escopetas, fue una idea urdida por las propias escopetas para hacer ver a los patos como agresores y pasar ellas por blancos inermes. Ante el hecho cada vez más frecuente de que los patos escaparan a sus perdigones, quienes más se empeñan en difundirla fueron los de doble cañón. Era una manera astuta —alardeaban— de matar dos pájaros de un tiro: seguir participando en el viril deporte de perforar patos sin riesgo de desprestigio y, en caso de conflicto, emplear el recurso de culparlas por trastocar las reglas del juego.

Abraham Nuncio
No. 111-112, Julio-Diciembre 1989
Tomo XVII – Año XXVI
Pág. 749