Puñales de cera

Se ha descubierto que una abeja asesina fue la primera en inaugurar un mueso de figuras de cera. Apuñalaba a sus compañeras y luego revestía el cuerpo de las víctimas con el material de trabajo de la comunidad. Un día invitó a la abeja reina a visitar sus espléndidas colecciones, y la reina sufrió tal impresión al ver a sus súbditas convertidas en estatuas, que condenó a la criminal a morir y renacer en una mujer morbosa. La sentencia se cumplió en París a mediados del siglo XVIII, cuando nació una niña que tenía inquietud de abeja y coqueteaba con lo horripilante. Con el tiempo, esta niña se convertiría en la famosa madame Tusad, que inauguró, a fines de septiembre de 1849, un flamante Museo de Figuras de Cera. Y no son cuentos: afirman que por las noches, las ensangrentadas figuras de madame (las de la cámara de horrores) producen un rumor semejante al que emite el “alma de la colmena”, percibido por Mæterlinck.

Alfredo Cardona Peña
No. 64, Abril – Mayo 1974
Tomo X – Año XI
Pág. 489

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