Mi resurrección

Me construyeron una recia madera negra de los bosques alemanes, por encargo de un hombre pobre, pero rico de corazón, quien con su ingenio y su trabajo tenaz me hizo crujir. De mis entrañas salieron las páginas de la primera Biblia, impresa en elegantes y bellas letras góticas.

Yo me sentía feliz al lado de mi dueño; los dos teníamos conciencia de nuestra misión, de lo que nuestro trabajo representaba para la humanidad. Pero, un día el usurero Juan Fust, quien proporcionó el dinero para mi construcción, me alejó del lado de mi noble dueño, quien a poco murió pobre y olvidado. Yo fui arrinconada y luego destruida.

Soy la Imprenta, mi noble dueño fue Johannes Gutemberg, cuyos restos, así como mis cenizas, descansan en algún lugar desconocido. Soy la madre de las máquinas impresoras de ahora, que hacen en un momento lo que yo tardaba años en realizar. El nombre de mi dueño: Gutemberg, así como el mío renacen de las cenizas, como el Ave Fénix, cada vez que en un lugar del mundo sale a la luz un impreso.

Salvador Herrera García
No. 64, Abril – Mayo 1974
Tomo X – Año XI
Pág. 511

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