Zapatillas eróticas

La condesa Spalantani acostumbra acariciar amorosamente a sus perritos con la fina zapatilla de su pie derecho, que mueve rítmicamente debajo de una mesita circular, cuando se reúne con sus amigas para jugar al “bridge”. Al sentir la zapatilla humedecida, grita:

—¡Heeenry!

Acude el mayordomo, ataviado como un almirante, y con patética seriedad, rodilla en tierra, procede a quitar la zapatilla “usada” y a colocar otra igual en el piececito de su ama. La condesa tiene tantas zapatillas como perritos, aquellos de raso de Arabia, y éstos de la raza pekinés.

Alfredo Cardona Peña
No. 64, Abril – Mayo 1974
Tomo X – Año XI
Pág. 503

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