La bailarina

(A Olga)

Noche a noche, a la misma hora, como un ritual, la bella y dulce bailarina danzaba al compás de una suite de Tchaikowsky. Siempre a la misma hora, la misma música, los mismos pasos. Era tal la gracia de su danza que cautivaba a ese selecto grupo que noche a noche tenían el privilegio de verla bailar.

Una noche la música cesó de pronto. La frágil figura quedó inmóvil, con una pierna extendida, iniciando un paso que no terminó. Sus admiradores la olvidaron.

Ahora, la bailarina espera —arrumbada en una empolvada vitrina de bazar— que alguien se acuerde de ella, repare el complicado mecanismo de la cajita musical… vuelvan así a sonar las notas de Tchaikoswky, y ella reanude su grácil danza.

Salvador Herrera García
No. 64, Abril – Mayo 1974
Tomo X – Año XI
Pág. 527

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