Profundo resentimiento

Algún profundo resentimiento debió tener Dios contra las mujeres para haber puesto al hombre en la Tierra.

Armando Murad
No. 96, Enero-Febrero 1986
Tomo XV – Año XXI
Pág. 145

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El puñal

A margarita Bunge

En un cajón hay un puñal.

Fue forjado en Toledo, a fines del siglo pasado; Luis Melián Lafinur se lo dio a mi padre, que lo trajo del Uruguay; Evaristi Carriego lo tuvo alguna vez en la mano.

Quienes lo ven tienen que jugar un rato con él; se advierte que hace mucho que lo buscaban; la mano se apresura a  apretar la empuñadura que la espera; la hoja obediente y poderosa juega con precisión en la vaina.

Otra cosa quiere el puñal.

Es más que una estructura hecha de metales; los hombres lo pensaron y lo formaron para un fin muy preciso; es, de algún modo eterno, el puñal que anoche mató a un hombre en Tacuarembó y los puñales que mataron a César. Quiere matar, quiere derramar brusca sangre.

En un cajón del escritorio, entre borradores y cartas, interminablemente sueña el puñal su sencillo sueño de tigre, y la mano se anima cuando lo rige por que el metal se anima, el metal que presiente en cada contacto al homicida para quien lo crearon los hombres.

A veces me da lástima. Tanta dureza, tanta fe, tan apacible o inocente soberbia, y los años pasan, inútiles.

Jorge Luis Borges
No. 96, Enero-Febrero 1986
Tomo XV – Año XXI
Pág. 142

El arca de Noé

Y mientras el arca se alejaba, Noé contempló largamente aquellos animales que se empecinaban en no subir. Quería conservar, al menos en la memoria, la imagen de aquellas especies que el hombre no conocería. Así esperaron con dignidad el ascenso inexorable de las aguas: el unicornio, el ave fénix y el dragón, la arpía, el basilisco, el grifo, el ave roc, pegasos, centauros, sirenas y quimeras…

Elva Macías
No. 96, Enero-Febrero 1986
Tomo XV – Año XXI
Pág. 139

Marco Antonio Campos

Marco Antonio Campos (México, 1949) es un autor que responde al doble perfil, ya unánime, de figura a la vez mediadora y productora que se inserta en espacios canonizadores como parte de la historia de su recepción personal. Licenciado en Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México Campos ha sido editor –revista y colección Punto de partida, en la Dirección de Difusión Cultural de la UNAM (1973-1979)–, jefe del Departamento de Talleres, Conferencias y Publicaciones Estudiantiles de esa misma Dirección (1981-1986), Director de Literatura de la Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM (febrero de 1986-febrero de 1988), colaborador en suplementos culturales de diarios y revistas como El Heraldo de México (1972-1977), Proceso (1977-1985), UnoMásUno (1987-1993) y Revista de la Universidad Nacional (1989-1993), así como del semanario Siempre! Ha dado conferencias sobre autores mexicanos y latinoamericanos en universidades e instituciones de Estados Unidos, Bélgica, Francia, Canadá, Austria, Hungria, Uruguay y España, con temas tales como “Tres poetas mexicanos: Jaime Sabines, Alí Chumacero y Rubén Bonifaz Nuño”, “Mito y poesía entre los mexicas” y “Juan Rulfo y José Revueltas: dos narradores mexicanos”; tiene una importante trayectoria como traductor, como lo testimonian las becas otorgadas por el Collége International de Traducteurs Littéraires, en Arles, Francia; ha sido profesor de Literatura Griega, Literatura Mexicana, Introducción al cuento, Introducción a la Novela y Literatura Latinoamericana en la Universidad Iberoamericana; Lector Huésped en el Instituto de Romanística de la Universidad de Salzburgo, Austria, donde impartió clases de Literatura Mexicana, Poesía Mexicana e Historia del México Antiguo; Lector Huésped enla Universidad de Viena , donde impartió cátedras de Literatura Mexicana, Historia del México Antiguo y Sistema Político Mexicano; Profesor Asociado Visitante en Brigham Young University, de Utha, en los Estados Unidos, donde impartió clases de Literatura Mexicana e Introducción a las Literaturas Hispánicas, así como Profesor Invitado dela Universidad de Buenos Aires y de la Universidad deLa Plata, donde dio cátedra en Narrativa y Poesía mexicanas.

Es autor de ocho libros de poesía, tres novelas, dos volúmenes de entrevistas, un tomo de crónicas, diez antologías, traducciones de Ungaretti, Rimbaud, Baudelaire, Marin Sorescu, Cardarelli, André Gide, Ubmerto Saba y Arlos Drumond de Andrade; su obra cuentística se compila en dos volúmenes, La desaparición de Fabricio Montesco y No pasará el Invierno. Ha recibido los premios mexicanos Xavier Villaurrutia (1992) y Nezahualcóyotl (2005), y en España el Premio Casa de América (2005) por su libro Viernes en Jerusalén. En 2004 se le distinguió con la Medalla Presidencial Centenario de Pablo Neruda otorgada por el gobierno de Chile. [1]


[1] Tomado de Vital, Alberto, “Espacios canonizadores de la literatura mexicana (El caso de Marco Antonio Campos)” en Navarro, Luis Alberto et. al., Ni cuento que los aguante (La ficción en México). Edición, prólogo y notas de A. Pavón. México, Ducere S.A. de C.V. (Serie Destino Arbitrario, 14), 1997, pp. 143-151.; http://amediavoz.com/campos.htm y http://www.elcalamo.com/campos.html

El canto de las sirenas

A Julio Torri y

Salvador Elizondo

Cuando llegué a la isla creí que las sirenas me esperaban desde siempre. Yo, que huía de mí, de una mujer, de los días de fracaso que caían en mi sangre como la luna en el mar, buscaba perderme en la espesura de su canto. ¿La causa? —preguntarán. Fue desde aquella mañana de invierno cuando supe que el amor era un engaño de la sangre; cuando supe que la ternura o la piedad eran dos fieras inútiles en las selvas del hombre, por eso quise perderme; por eso quise escuchar su canto, que aún siendo el más dulce, el más hondo, será para mi, de todos modos, un pretexto más para la tristeza. Yo quiero oírlo, ya…

Estoy cruelmente satisfecho. Me doy cuenta que incluso en la destrucción se puede hallar la felicidad. Sonrió al recordar el pasado, aunque en esa sonrisa —no hay remedio— haya el signo de la derrota. Pero que importa, ¡bah! Me muero de tristeza y de rencor.

Miro el atardecer; los dientes blanquísimos de las olas, las nubes que empiezan a calcinar con sus dedos las ramas del horizonte. ¿Las voces? ¿Las voces? ¡No se oyen ya las voces! Grito desesperadamente. El barco pasa.

Lloroso, impotente, lo evidencio: las sirenas no cantaron para mí…

Marco Antonio Campos
No. 96, Enero-Febrero 1986
Tomo XV – Año XXI
Pág. 137