Augusto Monterroso

Augusto Monterroso (Tegucigalpa, 1921 – México, D. F.2003),

Escritor hispanoamericano, conocido por sus colecciones de relatos breves e hiperbreves.

Augusto Monterroso nació el 21 de diciembre de 1921 en Tegucigalpa, capital de Honduras. Sin embargo, a los 15 años su familia se estableció en Guatemala y desde 1944 fijó su residencia en México, al que se trasladó por motivos políticos.

Narrador y ensayista, empezó a publicar sus textos a partir de 1959, año en que se publica la primera edición de Obras completas (y otros cuentos), conjunto de incisivas narraciones donde comienzan a notarse los rasgos fundamentales de su narrativa: una prosa concisa, breve, aparentemente sencilla que sin embargo está llena de referencias cultas, así como un magistral manejo de la parodia, la caricatura y el humor negro. Tito, como lo llamaban sus allegados, el gran hacedor de cuentos y fábulas breves, falleció el 7 de febrero de 2003.

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La vida en común

Alguien que a toda hora se queja con amargura de tener que soportar su cruz (esposo, esposa, padre, madre, abuelo, abuela, tío, tía, hermano, hermana, hijo, hija, padrastro, madrastra, hijastro, hijastra, suegro, suegra, yerno, nuera) es a la vez la cruz del otro, que amargamente se queja de tener que sobrellevar a toda hora la cruz (nuera, yerno, suegra, suegro, hijastra, hijastro, madrastra, padrastro, hija, hijo, hermana, hermano, tía, tío, abuela, abuelo, madre, padre, esposa, esposo) que le ha tocado cargar en esta vida, y así, de cada quien según su capacidad y a cada quien según sus necesidades.

Tito Monterroso
No. 64, Abril – Mayo 1974
Tomo X – Año XI
Pág. 519

Mi salud

El pelo me crecía de prisa por la noche y yo amanecía envuelto en él como dentro de un nido. Pero una mañana desperté calvo. Al día siguiente comenzó a levantárseme la piel. Cada día pierdo un dedo, un diente, una oreja… y así sigo. Esto no puede durar mucho, pero mi salud es perfecta.

A. F. Molina
No. 64, Abril – Mayo 1974
Tomo X – Año XI
Pág. 523

Una discusión

Además de discutir estúpidamente, aquel hombre me insultó.

Calculé que era más débil e intenté golpearle. Pero mis puños no le alcanzaban y él se reía delante de mí.

Cuando me agotó el inútil esfuerzo, él me volvió las espaldas y el ellas vi escrito mi nombre.

A. F. Molina
No. 64, Abril – Mayo 1974
Tomo X – Año XI
Pág. 522

El rey

Para resguardarlos de morir, el Rey ordenó a sus vasallos que cada quien se procurase uno o más alter ego completamente semejantes en vestimenta, físico y costumbres, de suerte que si la muerte viniera se desconcertase con las semejanzas y no supiera llevarse a nadie. Con esto vino a ser un reino de gentes enteramente iguales entre ellas, y si alguien de todos modos fallecía, se trataba el suceso con gran secreto para no cundir la alarma entre los vasallos, que así lo pasaban confiados de no morir jamás; pero por lo mismo se desentendían de las cosas obligadas de sus vidas. Este dulce abandono llegó a ocasionar sin embargo una grande hambre en el reino, que condujo cruelmente a los vasallos a despojarse de sus atuendos que los igualaban a devorarse unos a otros, quedando solitario el Rey, corrido por su fracaso.

Juan Aburto
No. 64, Abril – Mayo 1974
Tomo X – Año XI
Pág. 520

A. F. Molina

Antonio Fernández Molina

Según parece en una vivienda próxima a la vía del tren, en el importante nudo ferroviario de Alcázar de San Juan (Ciudad Real), nace Antonio Fernández Molina en 1927. Posteriormente se traslada a Alicante, Valencia y, finalmente, a Alcoy, donde muere su padre cuando tiene siete años. La madre decide instalarse con sus hijos en Madrid, en un piso modesto en el barrio de las musas, entre la calle de Quevedo y la de Cervantes. En sus escritos autobiográficos asegura que no recuerda cómo aprendió a leer ni a escribir. Vive con pasión el mundo de la calle y del barrio. Ya entonces disfruta contemplando libros en los escaparates y en la cuesta Moyano.

En 1940 Fernández Molina comienza a estudiar el bachillerato en Guadalajara. Con algunos compañeros del instituto intenta crear una revista literaria manuscrita.

En 1950 Antonio comienza sus estudios de Magisterio y la mili. Al año siguiente, con el dinero que recibe de su abuelo para comprarse un traje, funda la revista y colección de libros Doña Endrina.

Se abre camino en la poesía en 1953 con Biografía de Roberto G. y Una carta de barro.

Muere su madre en 1954 y asume la dirección de la familia, que incluye a cuatro niños en edad escolar, hijos del segundo matrimonio materno. En 1955 se casa con Josefa Echeverria, una muchacha de Casa de Uceda, el pueblo de su abuelo

Camilo José Cela, que entonces vive en Mallorca, aprovecha sus viajes a Madrid para asistir a las sesiones de la Real Academia Española y, además, conversar con Fernández Molina.

Supone un gran cambio para toda la familia el paso de los pueblos de Guadalajara, donde el poeta ejercía de maestro, a Palma de Mallorca. En la isla entra en contacto con Joan Miró, Robert Graves, Américo Castro y otras personalidades que circulan en torno a Camilo José Cela. Durante esta etapa decide dedicarse tanto a la pintura como a la literatura.

En Zaragoza vive hasta su muerte en 2005.

Junto con Juan Eduardo Cirlot y Francisco Pino, Fernández Molina es, si no el más, uno de los poetas más insólitos de España. Su línea bebe tanto de la vanguardia más heterogénea como dela Tradición. Se acerca al letrismo pero también a los místicos. En sus poemas no se encuentra artificio, sino verdad. Fue siempre él mismo mientras pintaba, escribía, comía, entonaba una conferencia, se sentaba a tomar un café o se ceñía uno de sus característicos sombreros… Frente a él las etiquetas se apelmazan y desprenden acartonadas por el brillo del talento. A nuestro modo de ver su estilo rebasa el surrealismo y el postismo. Los géneros literarios y los límites siempre se le quedaron pequeños. Se mereció más de lo que obtuvo.

El túnel del tiempo

Aquel escritor ambicionaba, más que otra cosa, que le dedicaran una calle en el pueblo de su mujer, el gran amor de su vida. En aquel pueblo había pasado la horfandad de su niñez.

Nadie en el  lugar tenía la menor idea de la real importancia de su obra y, sólo cuando ya muy anciano la evidencia se impuso, le dedicaron una calle.

En aquel momento el escritor estaba lejos. Pasaba una temporada con un amigo científico. Este amigo consiguió crear el túnel del tiempo. Un túnel individual que sólo servía para una vez. Le invitó a que entrara en el túnel y se trasladara a la época deseada. Entró el escritor y convertido en niño recorría las calles de su infancia en el pueblo de su mujer, y allí apedreaba la placa de la calle que le dedicarían pasando el tiempo.

A. F. Molina
No. 64, Abril – Mayo 1974
Tomo X – Año XI
Pág. 509

La carta

Escribía, indudablemente, influida por todas las novelas escritas o televisadas: “Te necesito. Estos meses lejos de ti han sido para mí como un infierno. No sé como he podido vivir tanto tiempo lejos de ti. Mi vida y mi ser los consume el ansiado deseo  de verte, de hablarte, de sentirte cerca de mí como tantas veces. ¡Te necesito tanto, Jorge! ¿Me escribirás? ¿Regresarás pronto?

Su escrito fur interrumpido por el silbato del cartero en su puerta. Se levantó y recibió la carta. Procedió a abrirla con la esperanza transformada en manos: ¡dentro del sobre venía Jorge!…

Daniel Barbosa Madrigal
No. 64, Abril – Mayo 1974
Tomo X – Año XI
Pág. 518

Mi resurrección

Me construyeron una recia madera negra de los bosques alemanes, por encargo de un hombre pobre, pero rico de corazón, quien con su ingenio y su trabajo tenaz me hizo crujir. De mis entrañas salieron las páginas de la primera Biblia, impresa en elegantes y bellas letras góticas.

Yo me sentía feliz al lado de mi dueño; los dos teníamos conciencia de nuestra misión, de lo que nuestro trabajo representaba para la humanidad. Pero, un día el usurero Juan Fust, quien proporcionó el dinero para mi construcción, me alejó del lado de mi noble dueño, quien a poco murió pobre y olvidado. Yo fui arrinconada y luego destruida.

Soy la Imprenta, mi noble dueño fue Johannes Gutemberg, cuyos restos, así como mis cenizas, descansan en algún lugar desconocido. Soy la madre de las máquinas impresoras de ahora, que hacen en un momento lo que yo tardaba años en realizar. El nombre de mi dueño: Gutemberg, así como el mío renacen de las cenizas, como el Ave Fénix, cada vez que en un lugar del mundo sale a la luz un impreso.

Salvador Herrera García
No. 64, Abril – Mayo 1974
Tomo X – Año XI
Pág. 511

Zapatillas eróticas

La condesa Spalantani acostumbra acariciar amorosamente a sus perritos con la fina zapatilla de su pie derecho, que mueve rítmicamente debajo de una mesita circular, cuando se reúne con sus amigas para jugar al “bridge”. Al sentir la zapatilla humedecida, grita:

—¡Heeenry!

Acude el mayordomo, ataviado como un almirante, y con patética seriedad, rodilla en tierra, procede a quitar la zapatilla “usada” y a colocar otra igual en el piececito de su ama. La condesa tiene tantas zapatillas como perritos, aquellos de raso de Arabia, y éstos de la raza pekinés.

Alfredo Cardona Peña
No. 64, Abril – Mayo 1974
Tomo X – Año XI
Pág. 503

Eliseo Diego

Eliseo Diego

(La Habana, 1920- Ciudad de México, 1994)

Poeta, escritor y ensayista. Nace el 2 de julio en la ciudad de La Habana, siendo muy niño viaja con la familia por Francia y Suiza, experiencia que siempre consideró determinante en su formación poética.

Sin alcanzar apenas la primera década de vida, escribe sus primeros cuentos infantiles. Fue uno de los fundadores de la Revista Orígenes. Estudia Pedagogía e imparte clases de Literatura Inglesa y Norteamericana en cursos especiales realizados en la Casa de las Américas. Ocupó el cargo de responsable del Departamento de Literatura y Narraciones Infantiles de la Biblioteca Nacional José Martí hasta 1970.

Realizó traducciones y versiones de las más importantes figuras de la literatura infantil en el mundo y fue redactor de la Revista Unión de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), donde además realizó labores como miembro de la comisión de publicaciones.

En 1966 publica El oscuro esplendor, libro que consideró, uno de sus preferidos. En 1986 Eliseo Diego obtiene el Premio Nacional de Literatura por el conjunto de su obra. Recibiendo en 1988 y1989, sucesivamente el Premio de la Crítica. En 1992 la Universidad del Valle en Cali, Colombia, le otorga el Doctorado Honoris Causa. En 1993 recibe la Distinción Gaspar Melchor de Jovellanos que otorga la Federación de Asociaciones Asturianas de Cuba y el importante Premio Internacional de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo.

Fallece el 1ro. de marzo de 1994, mientras se encontraba en México y sus restos son trasladados a Cuba, donde fue sepultado.

De Jacques

Llueve en finísimas flechas aceradas sobre el mar agonizante de plomo, cuyo enorme pecho apenas alienta. La proa pesada lo corta con dificultad. En el extremo silencio se le escucha rasgarlo.

Jaques, el corsario, está a la proa. Un parche mugriento cubre el ojo hueco. Inmóvil como una figura de proa sueña la adivinanza trágica de la lluvia. Oscuros galeones navegando ríos ocres. Joyas cavadas espesamente de lianas.

Jaques quiere darse vuelta para gritar una orden, pero siente de pronto que la cubierta se estremece, que la quilla cruje, que el barco se escora como si encallase. Un monstruo, no, una mano gigantesca alza el barco chorreando. Jaques, inmóvil, observa los negros vellos gruesos como cables.

“¿Éste?” “Sí, ése” —dice el niño, y envuelven el barco y a Jaques en un papel que la fina llovizna de afuera cubre de densas manchas húmedas. El agua chorrea en la vidriera y adentro de la tienda la penumbra cierra el espacio vacío con su helado silencio.

Eliseo Diego
No. 64, Abril – Mayo 1974
Tomo X – Año XI
Pág. 507

Trabajo forzado

Llegó a oídos de Rabí Levi Itzjak de Berdichev que las muchachas que amasaban el pan ácimo para Pesaj, trabajan desde el amanecer hasta hora avanzada de la noche, sin descanso. En la primera oportunidad, levantó su clamor:

—Los enemigos de Israel nos acusan de amasar el pan ácimo con sangre de cristiano. ¡No, es con sangre judía que lo amasamos!

Del Tesoro Jasídico
No. 64, Abril – Mayo 1974
Tomo X – Año XI
Pág. 499

De la puerta hacia adentro

Caminábamos pero nos detuvimos y de pronto el silencio entre nosotros inventó otro silencio para el mundo o caso lo distrajera para que nos olvidara un poco. Nos rodeaban árboles que se empeñaban en combatir a las luces de los autos extendiendo largos dedos de sombra que pretendían cerrarse con la oscuridad más absoluta. Y las luces se evadían de las sombras; pero yo eso lo supe al verlas persiguiéndose, casi a manera de juego, sobre y entre tu cabello dándole la apariencia de estar vivo, en espera de mi mano para también poderla acariciar.

Pensé en acercar mi rostro al tuyo para que apenas nuestros labios saborearan la tensión de las palabras, nunca dichas por temor al espectro de la confusión, nuestro aliento se suspendiera por un momento con el confín inquisidor de nuestras lenguas buscándose en el afán de borrar los silenciosos secretos de cada uno.

Con un abrazo desearía que nuestros colores se matizaran de tal modo que trazaran un puente cuyos extremos se alcanzan a sí mismos.

Mas sólo fue pensamiento y deseo. A pesar de la penumbra viscosa —era verano, quizá lo recuerdes, y salimos a tomar el fresco—, nunca dejamos de ser tres; él mi hermano; tu su mujer; yo y yo.

Federico Urtaza
No. 64, Abril – Mayo 1974
Tomo X – Año XI
Pág. 502

Tentación

Al llegar el Rabí Pinjas al Beith Hamidash, observó que sus discípulos, que habían estado conversando animadamente, se interrumpieron confusos.

—¿De que hablabais?  —les preguntó.

—Hablábamos de los que nos preocupa —respondieron—, que la tentación nos persigue.

—No os preocupéis —respondió el Rabí—, que aún no alcanzasteis tal grado de perfección, que la tentación os persiga. Por ahora, sois vosotros quienes la perseguís a ella.

Del Tesoro Jasídico
No. 64, Abril – Mayo 1974
Tomo X – Año XI
Pág. 498

Alfredo Cardona Peña

Alfredo Cardona Peña nació en San José el 11 de agosto de 1917. Cuando tenía trece años partió con su familia hacia El Salvador; al regresar en 1933, entró en contacto con Joaquín García Monge, quien editó una antología con sus poemas y convenció a su familia de que lo enviasen a México.

Con 23 años hizo sus primeras armas en el periodismo en el diario Novedades, donde participó en las secciones: editorial y de crítica literaria. Sus crónicas caminaron por medio México, entraron en los barrios pudientes, pasaron por el quinto patio, dieron cuenta de su edad de oro. Acaso ese contacto, prácticamente cotidiano, con artistas, escritores e intelectuales de talla continental y mundial, explica su obra generosa en número y méritos. En 1950 inició una serie de entrevistas semanales con Diego Rivera, algunas verídicas, otras imaginarias, que luego recogió en el libro El monstruo y su laberinto.

Como periodista, además de columnista en México, fue colaborador en Costa Rica del periódico La Nación y del semanario Universidad, sin olvidar que probó suerte en el ensayo literario con un análisis de la poética nerudiana. En unos y otros oficios, Cardona Peña se mostró poseedor de una cultura amplísima, especialmente en cuanto a literatura y poesía, y de una saludable confianza en sus recursos.

En cuanto hacedor de ficciones, Cardona Peña fue uno de los primeros y todavía pocos narradores costarricenses que se apartó del realismo y exploró la fantasía, en colecciones como Cuentos de magia, de misterio y de horror (1966), Fábula contada (1972), Los ojos del cíclope (1980). Sin embargo, fue su obra lírica la que le dio temprana fama y que se recuerda con persistencia; se destacan tres o cuatro poemarios sobre el conjunto, apenas es posible mencionar algunos nombres y apuntar que es mucho lo que falta: su primer poemario El mundo que tú eres (1944), Los jardines amantes (1952), Cosecha mayor (1964), Anillos en el tiempo (1980). Con una antología de sus poemas ganó el Premio Nacional de Campeche en México, en 1983.

En su lírica, Cardona Peña participó con sus coetáneos de una renovación del lenguaje, combinó con acierto lo retórico y no retórico, la palabra florida con la salida coloquial, sencilla. En sus primeros poemarios se aproximó directamente a los temas por los que todo poeta ha de pasar: el amor y la muerte; sin embargo, conforme fue encontrando una escritura personal, pudo hacer algo extraordinario con cualquier evento cotidiano, con la aparición de un nuevo libro, con el recuerdo de su padre, con la memoria de Marilyn Monroe.

Aunque abandonó Costa Rica poco más que adolescente, este “poeta de felices emociones y de felices palabras”, al decir de Alfonso Reyes, vivió con nostalgia su residencia lejos de la patria. Cada año visitaba el país para ver a su familia, revisar cómo andaban sus libros que por aquí se publicaban y dar una o dos conferencias.

Al morir el 1° de febrero de 1995, estaba escrito en su testamento que quería ser enterrado en Costa Rica, en el Cementerio General, al lado de su madre. Nuestro poeta, quien dijo que la patria “acaso sea la infancia subiendo por los días”.

“La patria del poema está en el sueño del niño sin edad que en todos danza”.

Puñales de cera

Se ha descubierto que una abeja asesina fue la primera en inaugurar un mueso de figuras de cera. Apuñalaba a sus compañeras y luego revestía el cuerpo de las víctimas con el material de trabajo de la comunidad. Un día invitó a la abeja reina a visitar sus espléndidas colecciones, y la reina sufrió tal impresión al ver a sus súbditas convertidas en estatuas, que condenó a la criminal a morir y renacer en una mujer morbosa. La sentencia se cumplió en París a mediados del siglo XVIII, cuando nació una niña que tenía inquietud de abeja y coqueteaba con lo horripilante. Con el tiempo, esta niña se convertiría en la famosa madame Tusad, que inauguró, a fines de septiembre de 1849, un flamante Museo de Figuras de Cera. Y no son cuentos: afirman que por las noches, las ensangrentadas figuras de madame (las de la cámara de horrores) producen un rumor semejante al que emite el “alma de la colmena”, percibido por Mæterlinck.

Alfredo Cardona Peña
No. 64, Abril – Mayo 1974
Tomo X – Año XI
Pág. 489

Medidas radicales

Después de asaltar el poder de la ciudad vampírica, la Junta Militar dio a conocer el siguiente edicto solemne: Primero: Queda terminantemente prohibido, bajo pena de estaca en el corazón, succionar gargantas de cadáveres recientes. Segundo: A partir de esta fecha, quedan clausurados todos los restaurantes en donde se expida, venda u ofrezca sangre de animales, como son la de todo, vaca, carnero, perro o cualquier rumiante o ser irracional.

Representantes de la “Congregación dela Sed” acudieron presurosos ala Junta, extrañados de tan drásticas y fascistas medidas, demandando por lo tanto una explicación. Se les dijo que la primera cláusula del edicto se había firmado tomando en cuenta que la grandeza de los verdaderos vampiros “consiste en chupar cuellos vivos, preferentemente de aldeanas vírgenes”, y la segunda, porque “esos establecimientos comerciales donde se consume sangre de perro y otras inmundicias, no hacen más que prohijar un detestable vegetarianismo, impropio de nuestra raza tantas veces milenaria”

Alfredo Cardona Peña
No. 64, Abril – Mayo 1974
Tomo X – Año XI
Pág. 488

Blasfemia I

Y como Saray la maltratara Agar huyó. Anduvo errante por el desierto sin agua y sin pan. Dejó a Ismael bajo un matorral y fue a sentarse lejos para no ver morir de sed a su hijo. Entonces el ángel del Señor se presentó ante ella y le entregó dos fichas: ahí, a dos pasos de ella, estaba el refrigerador de Coca Cola.

(Génesis 21, 14-19)

Daniel Barbosa Madrigal
No. 64, Abril – Mayo 1974
Tomo X – Año XI
Pág. 496

Lo esencial

Después de la muerte de Rabí Moshé, el de Korbin, encontrose uno de sus discípulos con Rabí Mendel, el de Kotzk.

—¿Qué era lo esencial para tu maestro? —preguntó el Zadik.

El discípulo recapacitó un momento y respondió:

—Lo que le ocupaba en ese momento, eso era lo esencial.

Del Tesoro Jasídico
No. 64, Abril – Mayo 1974
Tomo X – Año XI
Pág. 497

La otra

Mi camino hacia el trabajo no suele tener atractivo, me voy pensando en lo que haría si me sacara la lotería, luego viene a mi mente el número cabalístico y por fin nunca compro el billete y ahí queda todo.
Aquella mañana todo hubiera sido igual, pero tenía un dolor en el cuello, me molestaba el esternocleidomastoideo, estaba tenso el músculo ése. (Me gusta decir esternocleidomastoideo, suena rimbombante y además es el único que me sé).
Al llegar a la oficina se incrementó el malestar y estuve a punto de tomarme un par de aspirinas; no hice tal, no recuerdo por qué. Seguí tolerándolo el resto del día.
Recordé la nochecita anterior: después de la cena, las copas, llegar y encontrarla ahí, reposada. No quise encender la luz por no incomodar, así que en silencio me desvestí, me puse medio pijama y al entrar a la cama la desconocí; era más alta, un poco más voluminosa y olía diferente. Permanecí quieto unos minutos, pero no logré conciliar el sueño; no era ella definitivamente.
Una hora después, ya desesperado, extendí la mano y con leves movimientos desperté a mi mujer, —¡Oye, ésta no es mi almohada!
Pedro A. González
No. 111-112, Julio-Diciembre 1989
Tomo XVII – Año XXVI
Pág. 752

De patos agresores y escopetas inermes

La insinuación de que los patos le puedan tirar a las escopetas, fue una idea urdida por las propias escopetas para hacer ver a los patos como agresores y pasar ellas por blancos inermes. Ante el hecho cada vez más frecuente de que los patos escaparan a sus perdigones, quienes más se empeñan en difundirla fueron los de doble cañón. Era una manera astuta —alardeaban— de matar dos pájaros de un tiro: seguir participando en el viril deporte de perforar patos sin riesgo de desprestigio y, en caso de conflicto, emplear el recurso de culparlas por trastocar las reglas del juego.

Abraham Nuncio
No. 111-112, Julio-Diciembre 1989
Tomo XVII – Año XXVI
Pág. 749