Que el mar vista tu cuerpo

No te descubras, me gusta ver como formas olas de cobijas; oye como golpea nuestros cuerpos el oleaje de este mar inmenso que es la cama; aquí donde me ahogas con tu cuerpo, donde podemos sumergirnos para hacer más grande el mar y excitar a las olas con nuestro movimiento, ven, vamos a hundirnos, vamos al centro del mar, allí donde pequeños peces equivocados muerden nuestras piernas como diría Jaime, Jaime Sabines naturalmente, sumérgete de prisa, deja que el mar vista tu cuerpo, tengo amor, estoy lleno de ti, y quiero perderme en este mar enfurecido.

Alejandro Macías
No. 96, Enero-Febrero 1986
Tomo XV – Año XXI
Pág. 159

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Pesadilla

La materia viscosa me envolvía. Escuchaba mi respiración difícil como desde lejos. Olor y clamor de muchedumbre hacían más espeso el aire.

Súbitamente, una sombra intensificó la tarde sobre mi cabeza. Más por reflejo que por curiosidad me volví y miré: el minotauro blandía en alto un hacha gigantesca cuyo brillo  se sumaba al de los ojos de la bestia de cabeza negra. El universo cayó, libre, con el filo en mi dirección. Quise fundir mis párpados unos con otros.

Tuve la fatal certeza, pero logré despertar. Me sorprendí brevemente cuando noté que al terror le había faltado tiempo para llegar, mientras, en medio de un grito multitudinario, mi cabeza sangrante cayó dentro de un cesto.

Cuauhtémoc Arista Jiménez
No. 96, Enero-Febrero 1986
Tomo XV – Año XXI
Pág. 155

Hugo Hiriart

 

Hugo Hirirart (México D.F. 1942) es novelista, dramaturgo, ensayista, filósofo, director de escena, guionista y artista plástico. Hiriart es autor de más de una docena de piezas dramáticas, entre las que destacan La ginecomaquia, Hécuba, La perra, Intimidad, Ámbar y La repuganante historia de Clotario Demoniax (2005), algunas de las cuales han sido llevadas al cine. Recibió el premio Xavier Villaurrutia (1972) por Galaor (2000), su primera novela, que, en opinión del jurado, es “la mejor novela de caballerías del siglo xx”. A esta narrativa inaugural le seceden Cuadernos de Gofa, La destrucción de todas las cosas y El actor de prepara (2004). Sus ensayos son señeros en la literatura mexicana reciente: Disertación sobre las telarañas, Sobre la naturaleza de los sueños, Dientes eran el piano y Cómo leer y escribir poesía (2003). Su obra plástica ha sido expuesta en diversas ciudades del país.[1]

El ibis

El ibis dormido es funámbulo sedentario, palafito, sueño clavado en un alfiler; el estallido de alas, cuello, ojos y ambiciones carroñeras siempre es inminente. Es un ser creado por deseos portentosos. Pieza de coleccionista, más antiguo que las ruinas donde posa el almohadón en que consiste, permanecerá inmutable más que la piedra susceptible al modelado —por decirlo así— de aire, agua, albañiles y ociosos. Flor de pluma, venerado y execrado, pájaro divino, entre tantas maravillas nada iguala la arquitectura del hueso metatarsiano de su pie ni la sociedad secreta que infaliblemente conspira en su rodilla. Sin ellos no sería ni asombro ni dios, lloraríamos su majestad como a la ciudad saqueada, y yo no habría escrito el discurso que aquí llega a su término.

Hugo Hiriart
No. 96, Enero-Febrero 1986
Tomo XV – Año XXI
Pág. 154