Martha Cerda

Martha Cerda (Jalisco, México, 1945). Es narradora y poeta, fundadora y presidenta del Centro Guadalajara del PEN internacional (1994–1997), fundadora y directora de la Escuela de Escritores de la SOGEM (Sociedad General de Escritores de México).
También fue directora de la serie de video letras en Jalisco, la vida y obra de veinticinco autores jaliscienses contemporáneos. Fue coordinadora del IV Simposium Internacional de Crítica Literaria y Escritura de Mujeres en América Latina (1993), del Concurso Sor Juana Inés de la Cruz para obra publicada por mujeres (1993-1996) y del 63er Congreso Mundial del PEN Internacional (1996). Actualmente es presidenta del Comité de Enlace del PEN para América Latina. Es autora de siete novelas: La señora Rodríguez y otros mundos, Y apenas era miércoles, Cerradura de tres ojos, Toda una vida, Ballet y mambo, La mujer del policía y Señuelo; tres libros de cuentos: Juego de damas, Las mamás, los pastores y los hermenautas y Cuentos y recuentos; un poemario bilingüe: Cohabitantes/Cohabitants; una obra de teatro: Todos los pardos son gatos y un libro de ensayos: Oficio de vivir. Su obra ha sido traducida al inglés, francés, italiano, griego, noruego y alemán. Ha recibido numerosos premios nacionales e internacionales, entre los que destacan: el Premio Jalisco de Letras (1988), Premio al Mejor Libro de Ficción otorgado por la Asociación de Libreros Italianos (1998) y el Premio Nacional de Novela Jorge Ibargüengoitia (2007) por su novela Señuelo. Su trabajo ha sido objeto de diversos estudios y tesis de postgrado.[1]

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Relevo

La casa tenía una sola ventana, una sola, y un pequeño jardín. Sobre el muro del fondo subía una escalera de caracol por donde bajaban, casi voces, casi pasos, inciertos rumores. Una reja los separaba del mundo.

De noche, la ventana única permanecía iluminada como una luna distante, como una posibilidad. De día, siempre cerrada, dejaba ver sin embargo la silueta de aquella mujer a través del cristal. La llamábamos la madre, o la hija, o la abuela; no sabíamos quién era. Desde niños jugábamos a espiarla. Crecimos. Ella seguía allí.

Mi curiosidad trepó esta tarde a la ventana, deseosa de abrirla con los ojos. Sentí que me miraban, cuando empezó a llover. Poco a poco se fueron mis amigos y me quedé solo con la lluvia. Entonces decidí tocar a la puerta por primera vez en veinte años. Desde la ventana, la mujer preguntó:

—¿Qué desea?

—Entrar. Soy su vecino. Olvidé mi llave y esta lloviendo.

La mujer apareció en la escalera.

—Pase lo estaba esperando.

Crucé el jardincillo, subí en espiral y al entrar vi la ventana. Me acerqué despacio, muy despacio. Afuera, bajo la lluvia, ella y mis amigos juegan a espiarme.

Martha Cerda de Ruiz
No. 96, Enero-Febrero 1986
Tomo XV – Año XXI
Pág. 167

Juan José Arreola

Juan José Arreola (1918-2001) fue un escritor, académico y editor mexicano de origen jalisciense; aficionado también al ajedrez. Nació en Zapotlán el Grande, hoy ciudad Guzmán, el 21 de septiembre; contemporáneo de Yáñez y Rulfo.

            En la segunda edición (1992) de La narrativa contemporánea I se dice que con Arreola “nos enfrentamos a un creador en que él mismo, parece un personaje novelesco, un aventurero a la manera de los conteurs de la palabra y la letra, la palabra que fluye de sus labios, incesante y vertiginosa, transformándolo en el recitador oficial de su pueblo y la letra que como ineluctable imán lo atrae. ‘… En la escuela del señor Aceves se leía mucho. Aparte de la lectura de los libros escolares, el profesor Aceves nos daba una sección semanal a base de libros más avanzados. Recuerdo la claridad, la impresión que me produjo La canción de Rolando, en texto abreviado para niños: todos nos convertimos en caballeros medievales, armados con durandales, joyosas y santaclaras de otate y carrizo…’. Hombre para quien la palabra escrita es el disparadero para una aprehensión de la realidad que es a su vez palabra metamorfoseada.

            Lector insaciable y libérrimo, en 1930 entra a trabajar como encuadernador: ‘De este trato con los libros en cuanto objetos de artesanía, data creo yo, mi amor físico por ellos’.

Realiza todos los oficios posibles, hasta el de tepachero en el puerto de Manzanillo –etapa que sin duda fue dolorosa, pues con inusitada reticencia dice: ‘En el puerto de Manzanillo pasé sólo unos meses, como tepachero, bastante desdichado por cierto, y apenas embellecidos por la presencia del mar’.

Finalmente en 1945 es becado por el Instituto Francés de América Latina, dos años antes había publicado su primer cuento Hizo el bien mientras vivió, que marcará el inicio de su carrera como narrador; a partir de ese momento escribiría una serie de cuentos que revelan su madurez como narrador: Gunther Stanpenhorst (1946), Varia invención (1949), Confabulario (1952), Confabulario y varia invención (1955), Confabulario total (194-1961), La feria (1963), etc.”[1]

En 1948, gracias a Antonio Alatorre, encontró trabajo en el Fondo de Cultura Económica como corrector y autor de solapas. Obtuvo una beca en El Colegio de México gracias a la intervención de Alfonso Reyes. Su primer libro de cuentos Varia invención, apareció en 1949, editado por el FCE. Para 1950, comenzó a colaborar en la colección “Los Presentes”, y recibió una beca de la Fundación Rockefeller.

En 1952 apareció la que muchos consideran su primera gran obra Confabulario. En 1955 fue galardonado con el Premio del Festival Dramático del Instituto Nacional de Bellas Artes. En 1963, año en que recibió el Premio Xavier Villaurrutia, salió a la luz pública otra de sus grandes obras, la novela La feria. En 1964 dirigió la colección “El Unicornio”, y se inició como profesor en la Universidad Nacional Autónoma de México.

En 1969, recibió Presea de Reconocimiento de parte del Grupo Cultural “José Clemente Orozco”, de Ciudad Guzmán. En 1972 se publicó la edición de Bestiario, que completaba la serie iniciada en 1958, con Punta de plata. En 1977, fue acreedor del Premio Nacional de Periodismo de México en divulgación cultural, por su trabajo en Canal 13.

En 1979 recibió el Premio Nacional en Lingüística y Literatura, en la Ciudad de México. Diez años más tarde, se hizo acreedor al Premio Jalisco en Letras (1989). En 1992 participó como comentarista de Televisa para los Juegos Olímpicos de Barcelona, ese mismo año, recibió el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo, que se concede al conjunto de una producción literaria, y se entrega en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. En 1995, recibió el Premio Internacional Alfonso Reyes; y en 1998, el Premio Ramón López Velarde. En 1999, con motivo de su ochenta aniversario, el Ayuntamiento de Guadalajara, le entregó reconocimiento y lo nombró hijo preclaro y predilecto, durante una ceremonia protocolar efectuada en el Hospicio Cabañas en Guadalajara.[2]


[1] Abreu Gómez, Ermilo et. al. La narrativa contemporánea I. Presentación de E. Revueltas, México, Promexa (Gran colección de literatura mexicana), 1992, p 371.

Caballero desarmado

Yo no podía quitarme semejantes ideas de la cabeza. Pero un día mi amigo el arcángel, al doblar una esquina y sin darme tiempo siquiera de saludarlo, me cogió por los cuernos y levantándome del suelo con sinceridad de atleta, me hizo dar en el aire una vuelta de carnero. Las astas se rompieron al ras de la frente (Tour de force magnifique), y yo caí de bruces, cegado por la doble hemorragia. Antes de perder el conocimiento esbocé un gesto de gratitud hacia el amigo que se escapaba corriendo, gritándome excusas.

El proceso de cicatrización fue lento y doloroso, aunque yo traté de acelerarlo lavándome a diario las heridas con un poco de sosa cáustica disuelta en aguas de Leteo.

Juan José Arreola
No. 96, Enero-Febrero 1986
Tomo XV – Año XXI
Pág. 165

El asaltante

Cuando la cajera vio la pistola no pareció sorprenderse mucho. Metió la mano debajo del mostrador y sacó una de esas bolsas de lona, bien llena y cerrada con un cordoncito. La puso delante de mí. La bolsa tenía un letrero que decía “$25,000.00 en billetes chicos”.

Creo que no me ha entendido, —le dije—. Esto es un asalto y la pistola que ve aquí está cargada.

Lo entiendo perfectamente, —respondió en tono profesional—, pero es todo lo que podemos darle. Si quiere más puede ir al Banco de Comercio, que está a media cuadra de aquí. Mientras tanto tenga la bondad de dejarle su lugar al próximo cliente. Esta usted deteniendo la cola.

Manuel R. Campos Castro.
No. 96, Enero-Febrero 1986
Tomo XV – Año XXI
Pág. 164