El asaltante

Cuando la cajera vio la pistola no pareció sorprenderse mucho. Metió la mano debajo del mostrador y sacó una de esas bolsas de lona, bien llena y cerrada con un cordoncito. La puso delante de mí. La bolsa tenía un letrero que decía “$25,000.00 en billetes chicos”.

Creo que no me ha entendido, —le dije—. Esto es un asalto y la pistola que ve aquí está cargada.

Lo entiendo perfectamente, —respondió en tono profesional—, pero es todo lo que podemos darle. Si quiere más puede ir al Banco de Comercio, que está a media cuadra de aquí. Mientras tanto tenga la bondad de dejarle su lugar al próximo cliente. Esta usted deteniendo la cola.

Manuel R. Campos Castro.
No. 96, Enero-Febrero 1986
Tomo XV – Año XXI
Pág. 164

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