Se suplica a los vampiros no pasar

Desde que tenía memoria recordaba haber temido a los vampiros, con un miedo si se quiere irracional y que se hizo obsesivo. Así que investigaba todo lo que podía para protegerse con hechizos y amuletos.

Vivía rodeada de ventanas enrejadas, sarta de ajos; estacas de madera y hasta llegó a conseguirse un arma con balas de plata.

Se negó a casarse, rechazando magníficos partidos, por pequeños detalles que le parecieron sospechosos. Investigaba a todas las personas que llegaban a avecindarse en la región y las casas que por algún motivo pudieran resultar desconfiables. Incluso inspeccionaba el panteón comprobando que todas las tumbas estuvieran intactas.

Después de soportarlo por años, resultó que un día ya no pudo con el olor de los ajos y mandó que los quitaran. A cambio tomó otras precauciones; dejó de hacer y recibir visitas, despidió al servicio. Más tarde, empezó a dormir de día y a velar de noche, pero aún siendo diurno, su sueño no resultaba tranquilo. Decidió al fin dormir en un cómodo ataúd para burlar a los vampiros.

María Soledad Arellano
No. 96, Enero-Febrero 1986
Tomo XV – Año XXI
Pág. 185

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