Elva Macías Grajales

(Chiapas, México, 1944)

Estudió lengua y literatura rusas enla Universidad Estatal Lomónosov de Moscú, Rusia. Fue profesora de español en la Escuela Primaria Anexa al Instituto de Lenguas Extranjeras de Pekín; ha realizado tareas de difusión cultural en Chiapas, el INBA y la UNAM.

Fue subdirectora de La Casadel Lago, directora del Museo Universitario del Chopo y editora de las series discográficas Voz Viva de México y Voz Viva de América Latina; asesora de la Colección Frontera Sur de la SEP; ha sido editora responsable de innumerables títulos de autores chiapanecos y de ensayos sobre cultura del estado; miembro de los consejos editoriales de la Dirección General de Publicaciones del Consejo Nacional parala Cultura y las Artes (CNCA) (1989-1992), de la Coordinaciónde difusión Cultural de la UNAM(1986-1994) y de la revista Plural de Excélsior, Discurso Literario de la Universidadde Memphis, Estados Unidos de Norte América; ICACH y Entorno, de la Universidad Autónomade Ciudad Juárez (UACJ). Dirigióla Casa de las Artesanías de Chiapas (1995-1997).

Algunos reconocimientos: Beca de poesía del Centro Mexicano de Escritores (1971-1972); Premio Chiapas de Literatura Rosario Castellanos 1993; Premio Nacional de Poesía Carlos Pellicer para obra publicada 1994 que otorga el estado de Tabasco y el INBA. Su obra poética figura en más de cuarenta antologías de México, España, Italia, Francia, Estado Unidos, Canadá y Puerto Rico. Ha asistido a encuentros literarios en países de América y Europa, y publicado poesía crítica y comentarios en Revista Universidad de México, Revista de Bellas Artes, La palabra y el hombre, México en la Cultura (Siempre!) De la Jornada Semanal, Sábado (unomásuno) Comala (El Financiero), Tierra Adentro, Crónica, Ovaciones en la Cultura. Es miembro del Sistema Nacional de Creadores de México.

Obra publicada: Círculo de sueños (1975), Imagen y semejanza (1982), Pasos contados (1986), Lejos de la memoria (1989), Museo Universitario del Chopo, 1973-1988 (coautoría) y San Cristóbal de Las Casas, Ciudad Real de las Chiapas (coautoría, 1991), Adivina, adivinanza y Elva Macías, antología (1992); Ciudad contra el cielo y El porvenir echa raíces, antología (1993), La ronda de la luna (1994), Tiempo de adivinar y Olga Orozco, antología (1999); Gastronomía Mexicana del Sur: Campeche, Chiapas, Tabasco, Quintana Roo, Yucatán y Veracruz (coautoría), Casa del Lago 1959-1999 (coautoría) y Al pie del paisaje, antología (2000), entre otros. Ha publicado antologías de su obra personal y de la poetisa argentina Orozco. Es editora de más de veinte títulos de literatura y la cultura de Chiapas.

Ha escrito critica literaria y prosa para niños como La Rondade la Lunay Adivina, adivinanza, lo que la ha acercado a la niñez universal y con ello ha inspirado a nuestra juventud para que nazca en ellos el amor al arte y la literatura.[1]


Arriba el norte

Todos ganan pal Norte, señor, extraño vicio. Una parte del territorio antes se la habían llevado. Diz que primero se les anexó Texas y después cedimos California, Nevada, Utha, Arizona y otros pedacitos. Luego, quel señor Gadsten nos compró unas tierritas ribereñas. Y se empezaron a llevar a la gente: que pa construir sus ferrocarriles, que pa labrar sus tierras, aunque también les servimos para entrarle a sus guerritas. Otros, la mera verdá, se van a trabajar a las güeritas. Es cierto, señor, en veces nos regresan a la raza o nomás nos amedrentan. De ribete, ahora algunos se van al Norte con todo y sus muchos fierros. Quesque acá ya no se puede vivir, que no hay seguridá, que nos lo merecemos. ¿Será?

A los norteños también les gustan nuestros minerales, los animalitos, los jitomates, las naranjas, el cacao, el café, la mariguana, nuestras playas y el maldito petróleo. Pero aún así les salimos debiendo. Aunque, no se crea, señor, no son malagradecidos. Ellos nos mandan sus ideas y deso no nos pasan la cuenta.

Francisco J. Núñez de la Peña
No. 96, Enero-Febrero 1986
Tomo XV – Año XXI
Pág. 192

Élie Faure

Élie Faure  (1873-1937); historiador del Arte y ensayista francés. Fue el autor de una monumental “Historia del Arte” (1909-1921) indispensable para las referencias de esta disciplina, en ella estudia las obras artísticas y representativas de una etapa en la historia de la cultura. Así mismo es autor de una infinidad de obras filosófico-históricas, entre las que se halla una acerca de Napoleón publicada en 1921. Otras de sus obras son El espíritu de las formas (1927), Los constructores (1914) Otras tierras a la vista (1923).[1]

Origen

Recientemente me han contado un cuento marsellés cuyo profundo simbolismo se me apareció de repente. Tres niñas de descubren el velo de su nacimiento. La primera dice: “A mí, me trajeron mis padres de Toulon en una caja de madera de Indias forrada de algodón”…“A mí, dice la segunda, me han traído de París en una caja de oro forrada de seda”… “A mí, dice la tercera, en voz baja, como mis padres son muy pobres para traerme de ninguna parte, me han hecho ellos mismos”.

Élie Faure
No. 96, Enero-Febrero 1986
Tomo XV – Año XXI
Pág. 190

Antibíblica

—Pos a mí eso de que´l tal Goliat tenga más de dos metros de alto y parece ropero viejo, de lo ancho que´stá, me viene guilson —dijo el David, antes de echarse de un hilo, entre pecho y espalda, su quinto litro de Sangrita de Ángel. Luego después de limpiarse los erizos bigotes con la mugrosa manga de su camisola, agregó: “Orita recogemos en la calle las balas frías p´a mi honda y le voy a demostrar a ese guey quién es el mejor mecapalero de la ciuda”…vamos.

Y levantándose de la rústica mesa el David y su flota de ñeros, terciados los lamparozos mecapales sobre el pecho, como si fueran cananas, salieron de la pulquería “Los triunfos de Vit-Nam”. Al otro lado de la calle estaba el Goliat esperándolos y en cuanto los vio venir empezó a gritarles, con voz estentórea, que eran unos maricones, ojetes, y otras cosas más o menos provocativas. Eran como a las cinco de la tarde…

El David y su palomilla parecían gallinas en coral ajeno: buscaban y rebuscaban por el polvoriento suelo de la calle sin encontrar nada. El David estiraba y restiraba nerviosamente las cuerdas de su honda mirando en vez al Goliat que, muerto de risa, escoltado por su no menos nutrida flota de amigotes, esperaba. Por fin, sacando tremebunda charrasca, el gigantón Goliat gritó:

—¡Cómo eres pendejete, David!… ¿cre´s que no conozco la´istoria esa de las piedras y tu pinche honda?…por eso me pasé toda la noche quitando todas las que había en esta calle; ora tendrás que madrearte conmigo a lo puro m achín, pinche zotaco culero…

Esa noche hubo velorio en la casa del David…¡Nunca se encontró su cabeza!…

Ricardo Fuentes Zapata
No. 96, Enero-Febrero 1986
Tomo XV – Año XXI
Pág. 189