Mediodía

La isla a mediodía es insoportable. El calor y la humedad de la celda calan los huesos. Todos los habitantes estamos en un sopor que dura hasta las tres de la tarde cuando ha descendido un poco el sol. Esa es la hora escogida por el alcaide para las ejecuciones. Desde mi ventana alcanzo a divisar parte del camino que recorren los condenados. Generalmente son dos los que avanzan, custodiados por diez guardianes. Aquí nadie se preocupa por eso y hasta los mismos condenados parece que facilitan la labor de los verdugos. Algunos dicen que son criminales peligrosos con más de cinco muertos encima. Llegan hasta los acantilados y allí los fusilan. Luego los tiran al mar para cebar los tiburones que rodean la isla. Cuando los guardianes regresan me siento nuevamente a escribir. Sé que algún día vendrán a llevarme a pasear y que desde mi ventana me veré en dirección a los acantilados de la muerte y que otro recluso forjará la ilusión de que soy un criminal peligroso con más de cinco muertos encima.

Hardold Kremer
No. 96, Enero-Febrero 1986
Tomo XV – Año XXI
Pág. 200

Anuncios

Opina

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s