Fabulita

A: Marcela, Eloísa y Amelia

Le dijo tantas veces y de tan distintas y nada tiernas maneras que el señor de la casa era un ogro y que no lo molestara más con sus gritos, que un buen día el pequeño hijo de la criada, ofuscado, se deshizo del ogro: se introdujo subrepticiamente a la cocina, tomó estremecido el filoso cuchillo con el que su madre destazaba la carne fresca, se encerró en la pieza contigua sin ser visto, se escuchó un gemido de dolor agudo y el niño, desde entonces, ya no habla: la lengüita la tenía deshecha.

José Castillo Farreras
No. 96, Enero-Febrero 1986
Tomo XV – Año XXI
Pág. 224

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