La obra


Terminó su obra y retrocedió unos pasos para admirarla. Sonrió satisfecho, era perfecta. Había plasmado en ella toda la belleza de que era capaz. Caminó a su alrededor para observarla y entonces descubrió las imperfecciones: era desmesurada. Frunció el ceño y se encogió de hombros; había fracasado una vez más. Cansado, no quiso destruirla y la llamó Hombre.
Sylvia Sneider
No. 89, Enero-Febrero 1984
Tomo XIV – Año XIV
Pág. 189

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Nombres…

El milico, la tira, los azules, los cuicos, los guachos, la chota, los tecos… la policía, la escoria, la reservada, los granaderos, los halcones… servidores públicos. Los sardos, los garfiles, la guardia blanca, la secreta, la rural, los federales, los guaruras… guardianes del orden.

Los… ¡Cuantos nombres para una sola casta de hombres!

María Guadalupe Sánchez López
No. 89, Enero-Febrero 1984
Tomo XIV – Año XIV
Pág. 182

La promesa


Un día el joven escritor hizo una promesa: sembraría un árbol por cada poema que creara.

Pasó el tiempo, el escritor murió. No dejó ningún libro publicado ni algún manuscrito. Entre sus pocas pertenencias se encontró el título de propiedad de un inmenso bosque en medio de un páramo.

A. F. Molina
No. 89, Enero-Febrero 1984
Tomo XIV – Año XIV
Pág. 177