Grito


Un grito entra por la ventana. Si lo dejo salir, volverá a molestarme. Rápidamente bajo las persianas y me entiendo con él. Le propongo sonar libremente en los horarios que prevé el reglamento. Él es frugal. Yo soy generosa. Sin embargo, la convivencia nos resulta imposible. A la larga, dormir toda la noche con un grito reprimido suele traer dolores de cabeza.

Ana María Shua
No. 89, Enero-Febrero 1984
Tomo XIV – Año XIV
Pág. 208

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La inadaptada


La mosca, al estrellarse contra el cristal de la ventana, pensaba: ¡cuán difícil es integrarse a la realidad!

Francisco Silva García y Lidurbella Godínez
No. 89, Enero-Febrero 1984
Tomo XIV – Año XIV
Pág. 205

La pesadilla


El horrible hombre arrastrando su pata seca, blandiendo el hacha entre sus peludas manos, empezaba la continua persecución a la niña por los pasadizos y corredores de la enorme casa. Cuando perdida la esperanza de escapar, la niña, viéndolo acechante correr hacia ella y levantar el hacha, no soportaba más, gritaba, entonces despertaba. Y así las sucesivas noches… Hasta la noche en que la niña no quiso gritar para no despertar más a sus padres quienes acudían entre somnolientos y aburridos a socorrerla de los gritos de pesadilla. Al otro día, en la mañana, su madre al abrir la puerta del cuarto, antes de dar un sonoro grito de desmayo, alcanzó a ver una figura algo humana de un cuerpo tendido en la cama con más de media hacha metida en el pecho aún sangrante. El padre corrió y encontró en un rincón del cuarto a la niña sollozando babeante entre sus mocos.

José del Castillo
No. 89, Enero-Febrero 1984
Tomo XIV – Año XIV
Pág. 203

El espejo


El dictador escrutaba cada mañana aquel rostro en el fondo del espejo. No reconocía la mandíbula suelta, los dientes amarillos retorcidos, el bigote sucio que brotaba abundantemente de las fosas nasales, los ojos de cera fría, sin chispa. Aquellas arrugas cada día más numerosas no eran suyas, pertenecían al rostro del espejo. Cada día el dictador se volvía cabizbajo. Y el rostro del espejo le sacaba la lengua divertido.

Alfonso Gamucio Dagron
No. 89, Enero-Febrero 1984
Tomo XIV – Año XIV
Pág. 199

Mi cama


Mi cama despierta en cuanto me tiendo y cierro los ojos. Entonces la acompaño en sus correrías.

Tiene distintas transformaciones. Se convierte en un coche de carreras, luego en la mesa servida de un restaurante. Al mismo tiempo siempre es una mujer hermosa.

De madrugada volvemos a la habitación y hasta muy entrado el día somos una amorosa pareja.

Y nunca ha dejado de prepararme el desayuno.

A. F. Molina
No. 89, Enero-Febrero 1984
Tomo XIV – Año XIV
Pág. 194