Alejandro Rodríguez Hanzik

60 AÑOS DE EDAD
LICENCIADO EN ADMINISTRACION DE EMPRESAS; PROFESION QUE EJERZO.
SOLTERO ACTUALMENTE DESPUES DE UN DIVORCIO ACONTECIDO HACE MAS DE 20 AÑOS.
AFICIONES ADICIONALES: LA PINTURA LA CUAL NO SE ME DA POR FALTA DE CAPACIDAD ARTISTICA

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Después de todo, nada

 

Este cuento no fue escrito.

Jules dio marcha atrás a su máquina del tiempo.

Y llegó al paraíso terrenal.

Jules disputó con Adán por la manzana y lo mató.

Jules era estéril.

Alejandro Rodríguez Hanzik
No. 40, Enero-Febrero 1970
Tomo VII – Año V
Pág. 176

Náufragos

La misión se consideró un símbolo de las grandes posibilidades existentes en un planeta en paz.

A los cuatro y medio meses, una tempestad inesperada de rayos gama dañó, varios instrumentos de la cápsula. La comunicación con la base se perdió, pero el computador de a bordo informó que la misión podía continuar.

A los seis meses, tal y como estaba planeado, la nave aterrizó en su meta.

Los cinco astronautas fueron detenidos inmediatamente por la policía, y conducidos a la delegación subterránea No. 14 que era la más cercana.

Se les interrogó telepáticamente, ya que su lenguaje era ininteligible:…

—¿De donde vienen?

—De la tierra.

—¿Tierra…?

—El tercer planeta del sistema.

—Bienvenidos, nos preguntábamos si habría supervivientes.

—¿Supervivientes?

—Hace 17 y medio Nirtons, se observaron cientos de explosiones en lados opuestos de su “Tierra”. Ahora, entre nosotros y el segundo planeta, sólo existe otra banda de asteroides.

Dionisio A. García
No. 40, Enero-Febrero 1970
Tomo VII – Año V
Pág. 175

La real y la otra

 

—Cuando murió esa amiga…

—¿Cuál amiga?

—…Bueno, es un modo de comenzar el cuento… tuve la sensación de que expiraba por segunda vez.

Fue que una noche, tras años sin noticias suyas, soñé que moría entre horribles tormentos, acosada por un mal extraño.

Naturalmente, el sueño me hizo gracia. Hasta donde sabía, mi amiga era en extremo saludable. Por eso atribuí la visión a unos cangrejos que había comido la tarde anterior. Y hasta pensé escribirle, refiriéndole el suceso. Tal vez el relato la pusiera de buen humor y perdonara mi prolongado silencio y alejamiento. Sin embargo, las ocupaciones me absorbieron y olvidé el asunto hasta cuando, dos semanas después, recibí una esquela participándome su deceso.

Ahora, lo insólito es que ambas muertes —la real y la otra— fueron idénticas, de manera que vivo preguntándome si ella murió para justificar mi sueño o si, por el contrario, éste fue una anticipación de su ausencia.

Pienso que quizás el único medio de obtener una respuesta sería que un amigo (¿por qué no usted?) soñara con mi fin y yo con el suyo. Así averiguaríamos cuánto hubo de azar o de ley inexorable.

Dimas Lidio Pitty
No. 40, Enero-Febrero 1970
Tomo VII – Año V
Pág. 174

Dimas Lidio Pitty


Dimas Lidio Pitty

Es un escritor panameño que ha enfocado su obra hacia el tema del hombre —sobre todo el rural— y el medio que lo rodea. Las historias del chiricano están muy relacionadas con la tierra, con el papel que juega ésta en nuestras vidas.

También, en su bibliografía encontramos espacio para temas más urbanos —sin dejar atrás la parte nacionalista— como lo es la lucha canalera. En los últimos años Pitty se ha dedicado a la parte didáctica de la literatura.

Dimas Lidio Pitty ha ganado el Miró en múltiples ocasiones, en los géneros de poesía y novela. Además ha escrito libros de tipo periodístico. Sus libros más importantes son: Crónica prohibida, País azul, Rumor de multitud (todas estas en poesía), Estación de navegantes, el centro de la noche (ambas en novela); y Lecturas para vivir (antología didáctica).

Nació en Potrerillos, provincia de Chiriquí en 1941. Realizó estudios superiores en Chile, pero los termina en la Universidad de Panamá. Estuvo exiliado en México. Fue director de extensión cultural de la Universidad de Panamá. También ejerció funciones como primer jefe de redacción de “La Prensa”. Luego de salir del diario La Prensa trabajó en el diario El Siglo como editor de la columna “Agenda abierta”.Miembro de número de la Academia panameña de la Lengua y correspondiente de la Real Academia Española. Secretario privado del Rector. Universidad de Panamá y Profesor extraordinario de la Universidad Nacional Autónoma de Chiriquí. Presidente del consejo nacional de escritores (2001-2003).

Son pocas las críticas que se la hacen a Dimas Lidio Pitty. En realidad su dominio del lenguaje y calidad son destacados constantemente. Lo único que se le juzga es su hermetismo y su actitud sumamente huraña; sin embargo esto es algo que está más allá de lo literario.

Por temor al adulterio

 

—Espera amor, no te levantes todavía, ni te vistas. Sabes que me gusta compartir estos momentos, la dulce quietud del después. Es todo, estoy tranquila, no temas que inicie alguna pequeña jugada que nos excite de nuevo. Bueno, sí, hay algo más, es algo penoso que deseo contarte.

Voy a empezar con una disculpa: para cualquiera soy una mujer que lo tiene todo, un esposo bueno y cariñoso, un hijito lindo y sano: un hogar. Pero en todo matrimonio la verdad consta de dos partes, déjame decirte mi verdad: había estado un poco abandonada, sí, las razones no importan ahora; y era primavera, mi cuerpo actuaba como ajeno a mí, palpitaba, exigía… y ahí estaba él, tan malicioso y tan cercano. Has comprendido ¿verdad? Me entregué sí, pero fue algo natural e irremediable, no hubo tiempo de sentir vergüenza ni deseo de ofender a otros. Tal vez yo adoptaba la moral a mis conveniencias pero aquello no fue adulterio, no fue algo que se sostiene en base a rencor e hipocresía, que se establece a fuerza, que se hace costumbre. A eso le tenía miedo. Quizá me lo reproches pero el recuerdo de lo sucedido me estremecía, ese hombre me rondaba, me hacía dudar de mí misma, y me refugié en ti, lo que teníamos guardado tu y yo, lo que surgió después para lograr nuestra perfecta unión se basó en eso, en mi temor, mi cobardía. No, no te sonrías, no me beses, no me comprendas aún, no me perdones aún. Falta decirte algo: ese hombre, del que he estado hablándote, querida mía, es tu marido.

M. V. Busquets
No. 40, Enero-Febrero 1970
Tomo VII – Año V
Pág. 168