Autofagia

Todo comenzó aquella tarde cuando la señorita X tuvo un pequeño disgusto con su novio, insensiblemente se llevó el dedo pulgar a la boca, comiéndose esa pequeña parte indolora del reborde de la uña. Posteriormente, ante un problema mayor, se engulló un dedo, una mano, un brazo, etc., hasta que un día, víctima de gran depresión nerviosa y en horripilante orgía de sangre, practicó una autofagia total.

Salvador Salas Ceniceros
No. 40, Enero-Febrero 1970
Tomo VII – Año V
Pág. 185

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