Edmundo Alvarado


Edmundo Alvarado

Reconocido como el ganador del certamen nacional de  muralismo de la Gran Explosión Cultural Bicentenaria, auspiciado por el Ministerio del Poder Popular para la Cultura, con la obra La libertad. Edmundo Alvarado es reconocido como uno de los artistas visuales de mayor proyección en el estado Aragua. Este maestro del arte nació el 6 de diciembre de 1930 en Humocaro Alto, estado Lara. En 1953 realiza estudios de Arte Puro en la Escuela de Artes Pláticas Martín Tovar y Tovar de la ciudad de Barquisimeto, poco tiempo después, con la colaboración de algunos de sus alumnos, se le presenta la oportunidad de realizar una exposición en el Museo de Bellas Artes donde logra vender la mayoría de sus cuadros. A partir de allí, ha vivido de la realización de sus obras, a la vez que elaboraba avisos para el sector de la publicidad. Ha sido miembro y fundador de diferentes salones y organizaciones de artistas en los estados Lara, Yaracuy y Aragua.

En la década del 60 funda en Maracay el grupo Talas, en una época en que no existía la Casa de la Cultura ni el Museo de Arte Contemporáneo. En ese contexto realiza múltiples exposiciones en espacios como Parque Aragua y el Círculo Militar. Tiene hasta el momento 54 exposiciones individuales y colectivas, y ha participado en más de 40 salones de exposición en diferentes estados del país.

Reconocido muralista, Edmundo Alvarado ha realizado 17 de estos trabajos en escenarios como la sede del Consejo Legislativo del estado Aragua y varias instituciones educativas de la región. Comparte su trabajo artístico con una labor docente, que viene realizando desde sus inicios.  Actualmente su taller de pintura se encuentra en el barrio Los Olivos Viejos de Maracay, ciudad donde ha vivido durante más 40 años,  y reside en la urbanización Las Acacias con su esposa y dos hijas.

La labor docente y artística  de Edmundo Alvarado ha sido reconocida por diferentes instituciones y organismos públicos y privados que ven en él un artista a carta cabal y un ejemplo a seguir por las nuevas generaciones de cultores y artistas de Aragua y de todo el país.

 

Texto. Argenis Díaz.[1]

Imágen: Fernando Padrino

 

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Peligrosa

Terminaba la última serie de espasmos, el bufón se acercó dando saltos hacia el oído de su señor. Requirió subir dieciséis mil y un escalones, someterse al interrogatorio de los doce pares (es decir los veinticuatro), sobornar a cuatrocientas doncellas (que aguardaban aparearse con el soberano) para que le cedieran su lugar, construir el puente de Londres para cruzar a la séptima mitad del camino, preguntar a la reina por el humor de su esposo, discutir con Perceval que lo instaba a tomar otro camino en busca del Santo Grial, recurrir a engaños para atravesar el campo de batalla de los soldados de madera, bordear extensas áreas pobladas con las demoníacas máquinas de Morgana, correr perseguido por el ejército de los números, escalar arrecifes de ceniza, mirarse a sí mismo en los espejos de hielo, desviarse para oír la voz de una flauta, acumular en su pequeña espalda multitud de vagabundos que suplicaban su ayuda, rasgar el manto de una virgen, enseñar aritmética a los pájaros de cuenta, dormir doscientas noches en cada uno de los últimos bosques del monarca, evitar los laberintos de cristal, cuidarse de no pisar la barba inmensa de su señor, esperar trescientas veces dos a que éste despertara y por fin, después del segundo banquete, la figurilla del bufón acercó los labios a la oreja tanto tiempo buscada:

—No permita que se vaya, mi señor. Es peligrosa.

—Pero si ha resanado la economía; los lirios y los cerezos ya no se secan, y la ceniza blanda se ha ido a las nubes.

—Nos lo ha hecho imaginar: no la dejes ir.

Alicia sorbió la espuma de su copa y se quedó dormida.

Edmundo Alvarado
No. 97, Marzo-Abril 1986
Tomo XV – Año XXI
Pág. 261

Juan Jacobo Bajarlía


Juan-Jacobo Bajarlía es poeta, cuentista, ensayista, novelista y dramaturgo. Nació en Buenos Aires el 5 de octubre de 1914, pero por un error en las anotaciones del Registro Civil aparece como nacido el 5 de octubre de 1912.

A los 9 años le dio por la poesía, y los 14, siendo estudiante secundario escribió un novelón de capa y espada con el título de La cruz de la espada, que un falso editor se llevó para publicar, y nunca más se supo del original. Fue el mayor de 5 hermanos, hijo de padres de gran posición económica, venidos a menos, a raíz de lo cual, el niño que entonces tenía 12 años, vendió medias por los bares para contribuir al sustento de la casa. A los 17 años ingresó en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de Buenos Aires, y luego se trasladó a La Plata donde completó sus estudios.

Fue uno de los introductores del vanguardismo en la Argentina. Entre 1948 y 1956 dirigió la revista Contemporánea y formó parte, en 1944, del Movimiento de Arte Concreto-Invención, junto con Gyula Kosice, Edgar Bayley, Carmelo Arden Quin y Tomás Maldonado, entre otros. También, en 1983, dirigió la revista Referente/el Ojo que mira.

Sus primeros libros que datan de los años 40, Prohombres de la argentinidad y Romances de la guerra, fueron excluidos de su bibliografía.

Obtuvo la Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores el mismo año en el que se la adjudicaron a Adolfo Bioy Casares (1962). Luego se sucedieron los grandes premios: el del Instituto del Nuevo Mundo de la Facultad de Filosofía y Humanidades de Córdoba, dirigida por Juan Larrea acerca de César Vallejo (1963), el Mystery Magazine Ellery Queen’s (1964), el Konex de Platino (1984), el Premio Municipal de Teatro (1962), el Premio del Fondo Nacional de las Artes (1962), 2¼ Premio Municipal de Narrativa (1969), Premio Boris Vian (1996), Premio Leopoldo Alas (“Clarín”) (1971).

Sus cuentos, una estructura en la que se mezclan lo fantástico, la ciencia-ficción y la metafísica, integran varias antologías.

Como dramaturgo escribió y estrenó La Esfinge en el Teatro Mariano Moreno, en 1955; Pierrot, en La Plata, en 1956; Las troyanas, sobre el texto de Eurípides, en el Teatro de la Reconquista, en 1956; La billetera del Diablo, en el Teatro LYF, en 1969; Telésfora en Radio Nacional, en 1972. Su drama Monteagudo (1962) obtuvo cuatro distinciones: el de la Selección Municipal para las Jornadas de Teatro Leído, el Premio Municipal a la mejor obra no representada, el del Fondo Nacional de las Artes, y la Faja de Honor de la SADE.

Realizó numerosas traducciones del francés, italiano e inglés, incluyendo autores como el Aretino, el marqués de Sade, Kandinsky y Jean Tardieu, entre otros. También tradujo La lección, de Ionesco, que Francisco Javier puso en el Festival de Arte Dramático de Mar del Plata, en 1956. En 1963 fue leído, en el Teatro Los Andes, su drama de ciencia-ficción Los robots, en un acto auspiciado por la Municipalidad (Secretaría de Acción Cultural). Este drama, tragedia mecánica, como lo llama el autor, data de 1955.

Escribe novelas policiales con el seudónimo de John J. Batharly, entre las que debemos mencionar Los números de la muerte (1972), reeditada con nombre propio en 1978. Esta última y El endemoniado Sr. Rosetti, también se publicaron en México con los títulos de Vudú, secta asesina, y Hombre Lobo: El endemoniado Sr. Rosetti.

Entre sus antologías publicadas, Cuentos de crimen y misterio (1964), posee un estudio preliminar sobre lo fantástico y policíaco en las literaturas universal y argentina.

Considerado en su calidad de narrador, Leopoldo Marechal llamó a Bajarlía “zoólogo de la monstruosidad”. Hopkins, desde Berkeley, dijo que “sus máquinas del tiempo dejan de ser instrumentos mecánicos para convertirse en dimensiones metafísicas”. Antonio de Undurraga consideró que la dimensión metafísica de Bajarlía introducía en el cuento fantástico una línea mas allá de “lo metafísico, lo fantástico y la ciencia-ficción”.

Dentro de su obra poética, su libro La Gorgona (1953) fue traducido al alemán por Ilse Lustig, en 1953, sobre cuya traducción Esteban Eitler compuso Música Dodecafónica, cuyo estreno se realizó en Bruselas, en 1954.

Entre sus numerosos ensayos, La polémica Reverdy-Huidobro/El origen del ultraísmo (1964) fue publicada previamente en francés por el Centre International d’Etudes Poétiques (Bruselas, 1962), con prólogo de Fernanad Verhesen; y Existencialismo y abstracción de César Vallejo (1967), se publicó en Córdoba en 1967 en tres volúmenes de Aula Vallejo (5, 6 y 7).

Fue colaborador del diario Clarín y director interino de suplementos literarios. Actualmente colabora en La Nación, La Gaceta de Tucumán, La Prensa y otros diarios de la Argentina.

Fue pionero en la investigación parapsicológica en la Argentina, participando de las primeras experiencias en parapsicología científica. Sus conocimientos en fenómenos paranormales lo llevaron a presidir varios congresos y dar cátedra en diferentes instituciones. Además es asesor en temas afines.

Fue vicepresidente de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE). Formó parte de la Asociación de Artistas Premiados Argentinos “Alfonsina Storni” (APA), de cuya revista fue redactor exclusivo.

Se realizaron dos documentales sobre su vida. Bajarlía, desandando el tiempo (2003) y Bajarlía (2005), que exploran en profundidad su vida y obra literaria.

Falleció en la Ciudad de Buenos Aires el 22 de Julio de 2005, a los 91 años.

En 2007 se publicó la obra póstuma El placer de matar, que recopila distintas investigaciones que realizó Bajarlía sobre grandes crímines y criminales de la historia. Y en 2010 Morir por la Patria, sobre los asesinatos en la época de Rosas.[1]

El agujero y la profetisa


Equecrates vino de Tesalia y consultó el oráculo de Delfos. Pero entró tan repentinamente que la profetisa (“una doncella consagrada a Diana”, que apenas tenía 17 años) no tuvo tiempo de abrocharse la clámide. Lo recibió, pues, semidesnuda y se ubicó, como de costumbre, sobre el trípode. El trípode (“mesa de tres pies”) estaba colocado, a su vez, sobre el célebre agujero de donde salía la humareda (la fumata) que envolvía a la virgen mientras se convulsionaba antes de contestar. La pregunta de Equecrates fue la siguiente: “¿En qué lugar del mundo, en qué rincón o agujero estaré a mis anchas y hallaré la felicidad?”. Y la respuesta, proyectada con “voz misteriosa” desde la profundidad en que salía la fumata (la profetisa abría la boca como en las películas dobladas) fue rápida y no menos misteriosa: “Ese agujero que buscas —dijo la voz— está muy cerca de ti”. Equecrates interpretó el oráculo y raptó a la virgen. Había hallado la felicidad.

Juan-Jacobo Bajarlía
No. 97, Marzo-Abril 1986
Tomo XV – Año XXI
Pág. 257

Mutación


Yo no quería venir a pedirle que se callara. Desde mi habitación alcancé a oír sus gritos y golpes y me dije que estaba en todo su derecho. A veces suceden cosas como éstas. A lo mejor usted ha tenido un sueño de aquellos de los que nunca queremos despertar, ya que al hacerlo encontramos otra vez la melancólica realidad en nuestra habitación. Nos atrevimos a entrar porque los gritos parecían por fuera de lo normal. Ha sido difícil romper la cerradura y luego invadir su habitación, pero cuando vimos el desorden tuvimos el suficiente coraje para entrar. Le repito: está en su derecho y nadie puede impedirle que grite. Usted, estoy casi seguro, cree que no puede dejar escapar de sus manos aquella imagen tan bella y placentera que acaba de soñar, pero desafortunadamente su sueño ha culminado y nosotros, algunos sin afeitar, somos la realidad junto con su pierna amputada. Su muleta está a un paso de usted, al lado de la cama.

Harold Kremer
No. 97, Marzo-Abril 1986
Tomo XV – Año XXI
Pág. 256

Color dos

Cuando me reflejé en los ojos verdes de un gato, comencé a recordar todos los verdes que había visto antes… el verde de aquellas hojas —tibias por el rocío; el verde de los primeros ojos amados. El color verde de las primeras lágrimas. Y al perderme en esos recuerdos, me sumergí profundamente en el césped de mi tumba.

Irma Isabel Fernández Arias
No 41, Marzo 1970
Tomo VII – Año V
Pág. 343

El violador

Soy un violador, y he violado a decenas. Aunque les parezca horroroso cinismo de mi parte, les diré que yo me siento feliz por ello. Disfruto muchísimo. Sobre todo cuando alguna de ellas, se resiste un poco. Entonces es mucho mejor y considero que tiene más mérito para mí violarla. Ahora voy a actuar otra vez. Este momento lo he estado esperando ansiosamente.

Estoy con ella. Mis manos recorren su cuerpo helado y suave con dedos maestros. Ella parece tomar vida al contacto de mis manos. Lo estoy haciendo con exquisita suavidad. Con delicada maestría. ¡Que inefable placer! ¡Que seguridad la mía! Soy un artista. Ella se resiste un poco, pero al fin cede y se entrega ¡Ya está! ¡La he violado! Una caja de caudales más en mi haber.

Ricardo Fuentes Zapata
No 41, Marzo 1970
Tomo VII – Año V
Pág. 321

Jaime Sabines

Poeta y ensayista mexicano nacido en Tuxtla Gutiérrez en 1926.

Se radicó en Ciudad de México desde 1949 cuando inició sus estudios de Filosofía y Letras. Aunque escribió sus primeros poemas antes de los dieciocho años, fue allí en la universidad donde publicó «Horal» a la edad de veintitrés años. Un recuento de sus poemas fue publicado porla UNAMen 1962.

En 1965 tras su visita a Cuba para servir como jurado del Premio Casa de las Américas, sufrió un gran desencanto con las tendencias izquierdistas, sentimiento que dejó plasmado en su libro «Yuria» publicado en 1967.

Su obra tiene un marcado acento informal que lo convierte en un poeta de todos los tiempos. Su prosa vehemente y su verso  sentido y sensual, nos hacen viajar  por un mundo de realidades vividas.

En 1985 recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes. En 1986, con motivo de sus sesenta años, fue homenajeado por la UNAM y el INBA. Ese mismo año el Gobierno del Estado de Tabasco le entregó el Premio Juchimán de Plata. En 1991, el Consejo Consultivo le otorgó la Presea Ciudad de México y en 1994 el Senado de la República lo condecoró con la medalla Belisario Domínguez.

Por su libro «Pieces of Shadow» («Fragmentos de sombra»), antología de su poesía traducida al inglés y editada en edición bilingüe, obtuvo  el Premio Mazatlán de Literatura 1996.
Tras una larga enfermedad falleció en Ciudad de México en 1999.©[1]

Naín Nómez

Naín Nómez (Talca, Chile, 1944): Poeta y académico, ha trabajado en diversas universidades en Chile y el extranjero. Actualmente es profesor titular de Literatura Chilena e Hispanoamericana en la Universidad de Santiago y miembro del Consejo Editorial de Lom Ediciones. Ha publicado una docena de libros, entre ellos obras poéticas, antologías, ensayos, crítica literaria, estudios culturales y numerosos trabajos sobre el poeta Pablo de Rokha. Entre sus obras podemos mencionar: “Historias del reino vigilado” (1981); “Países como puentes levadizos” (1986); “Pablo de Rokha, un escritura en movimiento” (1988); “Pablo de Rokha y Pablo Neruda, la escritura total” y “Antología crítica de la poesía chilena” (Lom Ediciones), tomos I y II. Su libro de poemas “El movimiento de las salamandras” publicado en 1999, fue premiado por el Consejo Nacional del Libro y la Lectura. Ha participado en diversas charlas, cursos y seminarios en Chile y el extranjero abordando temas literarios y culturales.[1]

 

Círculo familiar

Los miembros de la familia esperaban ansiosos el desenlace: mientras en la pantalla de televisión el herido se debatía en las fronteras de la luz y la muerte, ellos volvían la mirada hacia el perro que yacía en la alfombra de la habitación, aparentemente dormido pero más bien reventado por un camión pocos minutos antes y ya en los últimos estertores y las miradas iban al azar de una a otra situación pues no podían detener el tiempo y esperaban ansiosos el desenlace, mientras en la pantalla de televisión…

Nain Nomez
No 41, Marzo 1970
Tomo VII – Año V
Pág. 341

Humanidad

Contempló Dios todo el esplendor y magnificencia de su obra, y comprendió que hacía falta algo, muy distinto a todo aquello. Había formado creaturas y cosas materiales, pero faltaba la espiritualidad. Reunió en un ser la esencia de la materia, lo humano y espiritual y creó al HOMBRE.

Le dio la facultad de multiplicarse, de razonar, de buscar, y de lograr cumplir la misión que le había encomendado.

Despertó el hombre de su letargo, y vio que la tierra  era extraña y enorme, y sintió por primera vez, soledad y tristeza. Después la luz del día le dio a conocer la belleza.

Era indefenso, y comprobó su pequeñez e insignificancia; buscó “algo” que le protegiera de la obscuridad, de la furia de las tormentas, de los animales y le llamó DIOS.

Se encontró con otros hombres, semejantes a él, y le miraron con recelo y desconfianza.

Sufrió las inclemencias del tiempo, y lloró muchas noches, de miedo; sólo le consoló su Dios protector.

El medio ambiente le obligó a emigrar a nuevas tierras y le siguieron los débiles y fue guía.

Cuando le quitaron la mujer que le había dado el calor de su cuerpo, sintió ira, y del instinto de posesión nació el amor.

Con el transcurso del tiempo, se sintió cansado y comprendió que la vida era breve y llena de penalidades y por primera vez renegó.

Tuvo conocimiento de la muerte, le rindió tributo, y le hizo reflexionar.

Observó el infinito, determinó su situación, e inició su obra.

Rafael Aguirre Castro
No 41, Marzo 1970
Tomo VII – Año V
Pág. 339

La tribu perdida

Cuando bajaron de los árboles ya eran hombres. Temerosos y torpes en el principio, la curiosidad y el arrojo los fueron haciendo agricultores, artistas, comerciantes, científicos, hasta llegaron a la luna y regresaron.

Pero ya para entonces las mujeres habían subido a los árboles. Desenvueltas y confiadas en el principio, aprendieron a cocinar, lavar ropa, barrer y sacudir, tener hijos. La costumbre hizo el resto. Y su rastro se perdió durante el último Diluvio.

Ana F. Aguilar
No 41, Marzo 1970
Tomo VII – Año V
Pág. 333

Soñando

Profundamente dormido, el hombre soñó que estaba despierto. Para estar seguro de que estaba dormido, recordó lo que hizo hasta acostarse. Como el sueño continuara, el hombre continuó dudando si estaba o no dormido. Luego pensó que al despertar comprobaría la verdad, pero no la comprobó, porque al despertar se vio dormido.

Carlos Alberto Pineda
No 41, Marzo 1970
Tomo VII – Año V
Pág. 329

Emma Yanes Rizo


Emma Yanes Rizo (1961). Nació en la ciudad de México el 15 de enero. Realizó los estudios en historia en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de México. Es investigadora de la Dirección de Estudios Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia. Ha colaborado en revistas y suplementos como Nexos, Ojarasca, Punto, Libreta Universitaria, Historias, Quipu, México Indígena, “La Cultura en México”, y otros.
Emma Yanes Rizo, periodista e historiadora, ha publicado cuento, ensayo y poesía. Cuentos de nadie recoge y repite las leyendas de Puebla, cuyo interés principal es mostrar parte de las tradiciones y costumbres de ese estado. Su lírica profundiza sobre sus encuentros amorosos y expresa franca y abiertamente las experiencias sexuales con el amado.[1]


[1] M. Ocampo, Aurora, Dir., Diccionario de escritores mexicanos. México, UNAM, 2007, p. 383

Libertad

…Aisha, la esclava, nunca supo como nació en ella el deseo de libertad. La presencia inquietante, la figura de aquel cantor, evocó ante ella, mágicos, lejanos, perdidos paraísos… Burló la vigilancia del eunuco, corrió por el jardín eludiendo guardias y lebreles, ebria de vientos se detuvo al fin, jadeante, ante el cantor y ahí quedó muda y estática: El evocador, el hacedor de libertades permaneció inmóvil, sujeto por larga, dura, increíble cadena. Era esclavo.

Emma de Yánes
No 41, Marzo 1970
Tomo VII – Año V
Pág. 312

El culpable

Llegó muy acalorada de hacer sus compras, acomodó la carne y las verduras en el refrigerador y se sentó a descansar en la sala. Y entonces se dio cuenta, así de repente, que ya había leído tocas, absolutamente todas las novelas de Ágata Cristie. Una agobiante sensación de soledad y desamparo se apoderó de ella. Y ni a quién echarle la culpa. ¿A la editorial? ¿A los de la Librería de Cristal de a la vuelta de su casa?

Se quedó terriblemente quieta mientras en su interior bullían de súbito y al mismo tiempo más que recuerdos, evocaciones tenues y frágiles: sus miedos de niña, sus insomnios de adolescente, sus frustraciones de juventud, los encabezados de los periódicos.

Se levantó tarareando Love is Blue, se colocó con mucho arte una peluca rubia, cambió radicalmente su maquillaje, se colocó un par de guantes viejos y buscó en el buró de su marido, hasta encontrarlo, el veneno que éste usaba para lavarse los pies, como parte de un tratamiento que seguía para combatir el pie de atleta.

Pero entonces titubeó. ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿A quién? Además esa noche tenía invitados a cenar. De inmediato sus ojos se iluminaron, nuevamente confiados y serenos. Se sentó y escribió a máquina una nota, por supuesto anónima, a renglón abierto y con mayúsculas sostenidas en la que le mentaba la madre, con palabras decididamente folklóricas, a la persona que recibiera la misiva. La dobló y la guardó en un sobre que dirigió a conocido financiero. Cuando fue por el pan la echó en el primer buzón que encontró. Esa noche quiso mucho a su marido.

Ana F. Aguilar
No 41, Marzo 1970
Tomo VII – Año V
Pág. 297

Carmen

La mujer dio vueltas y vueltas a las perillas de su aparato, al cual la imagen no quería regresar.

—¡Extraño suceso! ¡Y terrible a la vez! ¡Precisamente cuando me disponía a ver mi programa de risa!

Le dio una vuelta más, y la visión regresó. La mujer se puso contenta.

En la pantalla se veía una familia, con los ojos muy abiertos, que la observaba atenta y divertidamente.

—¡Raro! —dijo— Antes este aparato no tenía visión de colores y ahora lo tiene.

Al oír esto, la familia rió.

La mujer había dejado la mano sobre una perilla. Cuando se vio la mano, el cuerpo, y observó que ella, y toda su alcoba estaban iluminadas en blanco y negro, lanzó un grito de horror.

La familia se rió.

Diego Jáuregui Prieto
No 41, Marzo 1970
Tomo VII – Año V
Pág. 257

Historia de ojos

En el fondo de la pupila había algo pegado, algo así como una brusca, cuántas veces, caray, había tenido ganas de decírselo, pero no, que si el concierto es a las nueve, que si está limpia la camisa blanca, que si los zapatos deben estar brillantes, y los chiquillos correteando, mojado todo el cuarto y de repente, zás, un chorrillo de agua en plena cara o en las piernas y claro, parecía como si se hubiera orinado y entonces se reían, y se reían, , y tenía también que reírme y luego raspaba y raspaba tratando de quitar la manchita, la brusquita del fondo de la pupila, recuerdo que me había dicho “debe estar limpia, cuídala, siempre debe estar brillante”, (la lámpara de Aladino, pensé yo), y froté, mil veces froté y de pronto descubrí la rayita en el ojo, y el ojo me miraba, subyugantemente y me gustaba mirarme allí tan brillante, tan alargado a veces, tan lleno de ángulos insospechados como los de los santos antiguos, antiguos si, eso era, los cordones eran antiguos y claro, no irían con los zapatos, y el concierto a las nueve, como de costumbre uno corría, sudaba, trataba de estar listo, almidonado, duro igual que los puños de la camisa, igual que la corbata, tieso, y los polvos se pegaban a la cara y entonces había que raspar y raspar, con toda la fuerza de que disponía raspaba hasta sentir que la muñeca dolía y un placer inaudito se entraba en el cuerpo y no sentía entonces el dolor ni el vértigo en las piernas, los músculos se abrían dulcemente y me acercaba a ese ojo brillante, maravilloso que atraía terriblemente como si realmente estuviera iluminado con miles de luces, como en una cinta sin fin, todas las lucecitas alineadas como si fuera una carretera larga y oscura, oscura, larga, la noche sería igual a tantas otras noches de concierto y tus ojos serían pálidos y frescos y luego dirías qué bueno y estarías en silencio el resto de la noche, en un silencio espeso mirándome siempre, mirándome como ahora, como me has mirado desde hace un año, como seguramente me mirarás toda la vida, con ese ojo grandote, iluminado, con una brusca al fondo, mientras yo raspo y raspo y voy acercándome al ojo y la pupila expele sus brazos metálicos y estoy atrapado, igual que ahora, para siempre.

Bertalicia Peralta
No 41, Marzo 1970
Tomo VII – Año V
Pág. 272

Cuando se quiebra la monotonía médica…

Congelada, la paciente lleva siete meses en su cámara individual de poliestireno herméticamente sellada, en el Centro Médico de Hibernación. Cáncer, sabe usted, en un seno. Cáncer actualmente incurable… probablemente curable en el futuro, cuando despierte después de diez años de hibernación voluntariamente solicitados, la paciente encuentre, quizá, una ciencia más apta en aquello de aliviar cánceres.

Siete meses en que a diario es abierta la cámara de hibernación para practicar el rito médico de vigilarle presión, corazón, metabolismo, grado de hibernación, etc. Rito monótono, monocorde, desesperantemente igual todos, todos los días.

Hoy —¡por fin!— se quiebra la monotonía; en su sueño congelado de siete meses, la paciente presenta síntomas de embarazo.

De embarazo de treinta días.

Héctor Manuel Romero
No 41, Marzo 1970
Tomo VII – Año V
Pág. 264

Misión cumplida

Todo acabó cuando alguien, no importa quién, abrió una puerta que siempre estuvo cerrada.

Hubo confusiones, sorpresas aplausos, y por fin explicaciones: se había construido un laberinto gigantesco al cual se le puso por nombre TIERRA, se colocó el él al hombre con la sola misión (para diversión de los que observaban) de encontrar la salida.

Después de siglos de búsqueda (cuando sólo pocos recordaban), alguien, tal vez por error, abrió una puerta…

Javier Quiroga G.
No 41, Marzo 1970
Tomo VII – Año V
Pág. 257

El cambio

Por más que trató de precisar dónde sucedió no logró hacerlo.

Tal vez fue durante el verano. Era el momento más propicio: los días estuvieron soleados y la playa repleta de vacacionistas.

Desde que reparé en ello (hace apenas unos días), vivo encerrado en este cuarto por temor que al salir alguien lo descubra: la sombra que produce mi cuerpo no es la mía.

Javier Quiroga G.
No 41, Marzo 1970
Tomo VII – Año V
Pág. 257

De vampiros

En cuanto la vi me cautivó su serena hermosura, la paz que irradiaba su semblante, y sobre todo, el néctar rojo que veía fluir en su interior.

La asedié por meses, empleando todos los recursos a mi alcance para conquistarla, y cuando por fin mi insistencia puso término a tan larga espera… ¡Descubrí que era anémica!

Javier Quiroga G.
No 41, Marzo 1970
Tomo VII – Año V
Pág. 257