Aire respiratorio seco ¡envíen lágrimas!


—Es una cosa extraña —dice el Coronel No. 4,323—. El ver con sombreros a los reclutas. No pueden entender, por más que se les explique, el uso que deben hacer del sombrero en su cabeza.

Cuando estaban haciendo el ejercicio matutino y pasaba el Gobernador, querían saludarle; el fusil iba por un lado y el sombrero por el otro. Se les dijo que de ningún modo saludasen a nadie y ahora cuando van por la calle y ven algún Grande, se encajan más el sombrero y no hacen caso.

Se les mandó también que no se moviesen ni desarreglasen cuando están formados, pero el otro día se dejaron estropear por el automóvil de la esposa del Coronel No. 4,323, sin querer apartarse de la fila, por más que el chofer de ésta les gritó: ¡Fuera de ahí imbéciles!

Una semana después, en una corta ceremonia, diez viudas inalterables recibieron diez medallas, diez diplomas y diez “pensiones de gracia”. Veinte lágrimas de gratitud pusieron fin a la corta ceremonia.

Dámaso Ogaz
No. 50, Diciembre 1971
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 500

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