Te comería a besos

Ella dijo: —Te quiero tanto que te comería a besos. —Pues cómeme, repuso él. —¿De verdad, me dejas? —Claro que sí, dijo él, dejándose querer.

Entonces ella comenzó a besarle delicadamente el rostro, mientras sus manos de dedos largos le acariciaban el cuerpo, hundiéndole en un sopor de extraña felicidad. La boca grande y roja tomó la boca masculina, y con finos mordiscos le fue arrancando el labio superior, el inferior, la lengua. Después siguió con las mejillas. Luego, con poderosa y larga succión, sorbió los ojos. Sin prisas, expertamente arrancó oídos y le comió el cuello; para posteriormente clavar sus fuertes dientes y afiladas uñas en el tórax, hasta alcanzar el corazón.

El hombre sentía confusamente que la vida se le iba; pero no podía moverse, sumergido como estaba en un río resplandeciente de crueldad y delicia.

Siete horas más tarde, sólo quedaba el esqueleto perfectamente limpio de él.

La mujer, monstruosamente hinchada, cayó en un pesado sueño.

Jorge Mejía Prieto
No. 50, Diciembre 1971
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 563

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