Ulises


Mucho han hablado de mis aventuras marinas y sólo diré ahora que no soy ningún Jonás. Se ha comentado también mi prudencia y por eso diré que no soy, como en alguna ocasión se ha dicho, el padre de la náutica, lo cual vino a costarme un serio disgusto con Noé que, como es bien sabido, fue el primer varón que tuvo el valor de reunir, navegando, a todo un respetable congreso.

Parece que esto lo ignoran todos los juglares de mi tiempo, cosa en parte perdonable, ya que casi siempre el juglar delira sin hacer el menor caso de la realidad y haciéndolo de la naturaleza.

Mi padre no fue Laertes, a quien cándidamente me adjudican los historiadores, sino un alemán vendedor de salchichas en el ágora.

Entonces no se había estudiado la ley de la herencia, pero ahora que la Biología pretende estar tan adelantada en ese campo, pienso que tal vez fue mi sangre alemana la que no me dejó ir detrás de las sirenas. Si viviera en el siglo XX, aquí entre ustedes, creo que no me quedaría otro papel que el del profesor de Ética en alguna Universidad Norteamericana.

Por prudencia no hablaré de Penélope y menos aún de Simbad el marino.

Neftalí Beltrán
No. 100, Septiembre-Diciembre 1986
Tomo XV – Año XXII
Pág. 659

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