Un lunes un ángel

En la plazoleta de Trejo y Caseros encontré un ángel muerto, tirado sobre un banco, con las alas plegadas. Montando guardia los perros vagamundos le velaban.

Y las campanas dela Iglesiade enfrente no tocaban a duelo. La gente pasaba apurada, era lunes, cuando marcando tarjetas las piernas corren a las agujas del reloj. Y no era cuestión de perder el tiempo por un ángel muerto, algo tan común después de todo.

Ricardo G. Espeja
No. 100, Septiembre-Diciembre 1986
Tomo XV – Año XXII
Pág. 727

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