Alexander Solyenitzin

Alexander Solyenitzin (1918-2008)

Nació un 11 de Diciembre de 1918 en la localidad de Kislovodsk, Rusia.

Su padre que se había dedicado a estudios filológicos no completó su carrera ya que se alistó como voluntario cuando estalló la guerra de 1914, sirvió como oficial de artillería en el frente alemán, combatió durante toda la guerra y falleció en el verano de 1918, seis meses antes de que naciera su hijo Alexander.

El niño fue criado por su madre que trabajaba de taquimecanógrafa en la localidad de Rostow, sobre el Don. Allí Solyenitzin pasó toda su infancia y su juventud, egresando del colegio secundario en 1936.

Ya de niño, sin ninguna incitación por parte de alguien, quiso ser un escritor y ya a temprana edad escribió una buena cantidad de obras primerizas. Durante la década de los años ’30 del Siglo XX trató de publicar sus escritos pero no consiguió hallar nadie dispuesto a aceptarlos. Quiso también adquirir una educación literaria pero eso no era posible en Rostow y un traslado a Moscú resultaba igual de imposible, en parte porque la madre se hallaba sola y con la salud quebrantada, en parte porque el proyecto se hallaba más allá de sus modestos recursos económicos.

Consecuentemente, se inscribió en la Universidad de Rostow para estudiar en el Departamento de Matemáticas dónde descubrió que tenía considerable talento para las ciencias exactas. Pero, si bien le resultó fácil dominar la materia, sintió que no deseaba dedicarle toda su vida. Con todo, ese conocimiento le resultaría muy beneficioso en al menos dos momentos dramáticos de su vida a tal punto que, gracias al mismo, conseguiría escapar de la muerte. Más tarde, entre 1939 y 1941, paralelamente a sus estudios de física y matemáticas, estudió literatura por correspondencia en el Instituto de Historia, Filosofía y Literatura de Moscú.

En 1941, poco antes del estallido de la guerra entre Rusia y Alemania, se graduó como físico y matemático en la Universidad  de Rostow. Al principio del conflicto, debido a su endeble salud, fue destinado a servir de conductor de vehículos con tracción a sangre durante el invierno de 1941/42. Más tarde, por sus conocimientos de matemática, fue transferido a una escuela de artillería de la cual, después de un curso relámpago, egresó en noviembre de 1942. Inmediatamente después se le confirió el comando de una compañía de artillería y sirvió en dicho puesto hasta que fue arrestado en febrero de 1945.

Fue arrestado porque, en la correspondencia del período 1944/45 con un amigo de su época escolar, la censura encontró algunas observaciones irrespetuosas sobre Stalin. Como una “prueba” suplementaria a la acusación, se utilizaron borradores de historias y anotaciones que se encontraron entre sus pertenencias. Las “pruebas”, sin embargo, no eran suficientes para un “juicio” en regla y, por consiguiente, en julio de 1945, de acuerdo con un procedimiento entonces muy en boga, en virtud de la resolución de un comité especial dela NKVD, fue “sentenciado”, en ausencia, a ocho años de confinamiento en un campo de prisioneros. Lo verdaderamente dramático del caso es que, por aquellos tiempos en Rusia, una sentencia así era considerada leve.

Allí comenzó su largo y terrible peregrinar por lo que luego sería el título de su obra más conocida: el “Archipiélago Gulag”.

Durante los años de su exilio, enseñó matemáticas y física en una escuela primaria escribiendo prosa en secreto. Consiguió salvar lo que había escrito y llevárselo consigo hacia otros destinos en los que, de la misma forma, se dedicó oficialmente a enseñar y a escribir en secreto. Transitó así, primero por el distrito de Vladimir –en dónde nació La Granja de Matryona – y después en Ryazan.

Durante todos los años hasta 1961 no sólo vivió convencido de que jamás vería sus obras impresas en vida sino que, además, apenas si se atrevió a mostrar a sus más íntimos algunos fragmentos, eternamente temiendo que alguien más se enterase de lo que estaba haciendo. Pero, a la larga, el anonimato literario comenzó a desgastarlo. Lo que más le pesaba era que no podía recibir la opinión de personas con algún conocimiento en literatura. Así, en 1961, después del 22° Congreso del Partido Comunista de la URSS y después del discurso de Tvardovsky ante el mismo, decidió salir del anonimato con Un Día en la Vida de Iván Denisovich.

La decisión era extremadamente peligrosa. No sólo podía traer consigo otro arresto sino, además, la pérdida de todos sus manuscritos. Pero, en esa ocasión tuvo suerte, y después de una serie de prolongados esfuerzos A.T. Tvardovsky consiguió publicar esa novela un año más tarde en la prestigiosa revista Novy Mir (Nuevo Mundo). Pero la impresión del libro fue detenida casi inmediatamente por las autoridades las que, en 1964, prohibieron tanto sus obras de teatro como a su novela El Primer Círculo la que fue secuestrada en 1965 conjuntamente con sus papeles de los últimos años. Con todo, en 1963 había conseguido publicar Nunca cometemos errores y, al año siguiente, Por el Bien de la Causa.

Premio Nobel y exilio

A pesar de persecuciones, prohibiciones y arrestos, sus obras consiguieron poco a poco trascender las férreamente custodiadas fronteras de Rusia. En 1970 le fue otorgado el Premio Nobel que no pudo ir a recibir personalmente por la presión de las autoridades de su propio país. Fue deportado a la entonces República Popular Alemana (Alemania Oriental) y en 1974, un año después que se publicara El Archipiélago Gulag, en Francia, los soviéticos le retiraron la ciudadanía.

Emigró a los Estados Unidos estableciéndose en Vermont. Los americanos lo recibieron con los brazos abiertos, esperanzados de encontrar en él a un vitriólico crítico del sistema comunista en medio de la batalla propagandística dela Guerra Fría. Se equivocaron. Si bien Solyenitzin nunca cesó de mostrar las falencias y demostrar la inviabilidad del sistema comunista, su posición fue la de un escritor moralmente íntegro. Mientras estuvo en su propio país, criticó y expuso las barbaridades del sistema bajo el cual vivía. Pero quienes esperaban que siguiese criticando a su patria desde el extranjero se encontraron con la desagradable sorpresa de hallarse frente a un hombre que ahora criticaba, y sin demasiados miramientos precisamente, las falencias y los defectos del sistema capitalista. Los americanos no sólo no consiguieron instrumentarlo para sus fines propagandísticos sino que, encima, tuvieron que soportar la sinceridad de un intelectual insobornable que jamás consintió en dejar de llamar las cosas por su verdadero nombre, sin ocultamientos y sin hipocresías.

Esa actitud le granjeó una buena cantidad de enemigos también en Occidente y explica buena parte de las críticas de las que fue objeto, la mayoría de las veces de un modo extremadamente desleal, muchas veces con burdas mentiras y casi siempre con argumentos por demás objetables.

Con la llegada de Gorbachov al poder a mediados de la década de 1980 y la implementación de la glasnost, la censura que pesaba sobre el trabajo literario de Solyenitzin fue eliminada y sus obras se publicaron otra vez en Rusia.

Recuperó su ciudadanía en 1990 y regresó a Rusia en el verano de 1994, tras veinte años de exilio. Llamado a proponer alternativas al régimen soviético, rechazó el énfasis Occidental sobre la democracia y la libertad individual, pugnando, en cambio, por la formación de un régimen justo, pero con firme autoridad, que pusiese los tradicionales valores cristianos de Rusia por encima del materialismo utilitarista de Occidente.

Falleció un domingo 3 de agosto de 2008. Su ataúd fue custodiado por una guardia de honor militar en un salón de la Academia de Ciencias de Rusia por el que desfiló una impresionante multitud. Entre ellos estuvo el primer ministro Vladimir Putin.

Vladimir Putin; el hombre fuerte de Rusia y ex-oficial de la KGB le rindió honores a Alexander Solyentitin, el ex-preso y uno de los pocos sobrevivientes del GULAG.

Al fallecer, Solyenitzin tenía 89 años.

Y la Historiatiene esas ironías. . . [1]

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