Consumo no convencional de tabaco

La acerca a un foco: quiere verla mejor. Luego enciende un cigarrillo, se permite una bocanada de humo y sacude las cenizas. Entonces presiona la brasa redonda contra la mejilla de la mujer, contra los labios, contra el cuello. Poco a poco  recupera su odio. Después es el escote, y los pies, el pliegue interno del codo, los párpados, hasta aplastar el cigarrillo, hasta deshacerlo. Reconoce el olor. No es la primera vez que quema una foto de ella.

Marta Nos
No. 97, Marzo-Abril 1986
Tomo XV – Año XXI
Pág. 273

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