Tentación

Siempre sentí una terrible tentación de abrir aquella puerta. ¡Cuánto tiempo sin abrirla! Toda la vida. Nunca encontraba el momento apropiado, y si lo encontraba, en el instante de abrirla sentía temor y retiraba las manos. Muchas veces escuchaba a través de ella gritos horripilantes, en las noches de luna llena. Golpes terribles en los años bisiestos. Cantos hermosísimos en las fiestas de diciembre. Voces melodiosas los fines de semana. Con ansiedad extrema, un día, por fin…

—La abriste.

—No. Descubrí que era un reflejo de la puerta de la calle en el espejo del fondo.

Salvador Castañeda Pérez
No. 46, Noviembre 1970
Tomo VIII – Año VII
Pág. 73