La tartamuda

Muy lentamente, salió de su escondite oscuro y estrecho.

Era espigada y siniestra, metálica y fría, sin sentimientos. Pero, cuando hablaba, enrojecía y nadie quería escucharle (a excepción de los de su familia).

Esa ocasión, bajó del Cadillac y dijo:

—Ta, ta, ta, ta…

Y seis hombres cayeron muertos, atravesados por sus balas.

Luis A. Chávez F.
No. 83, Septiembre-Octubre 1980
Tomo XIII – Año XVI
Pág. 282

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