San José

Siento los mismos dolores y corazonadas que mamá. Hoy, luego de tanto santo, de tanto Corazón de Jesús, de tanto velorio y tanto muerto, puede ocurrir cualquier cosa.

Casi en el ahogo, salgo rápidamente del cuarto. Respiro hondo, y el hedor a orines rancios del patio me recuerda que llevo más de doce horas sin orinar. Debe ser la fiebre que también llevo por dentro. Mientras sale el chorro caliente y amarillento me acuerdo también de que hoy es día de San José y que en la plaza se están celebrando las fiestas patronales.

Cálmate Morochita, pero mamá continúa gesticulando, y como no queriéndose ir, me abraza fuerte. Es el temor, hace tres días de la muerte de mi tío. Me pide el rosario y que la ayude a rezar. Apenas murmura. Un susurro suave y lento es lo que le sale como voz. Tengo el presentimiento que mamá, Morochita, se va también de mí, de todos los rincones de esta casa tan grande. Dicen que si a los tres días de muerto no se la lleva, es porque no se la va a llevar. Es extraordinario pensar en eso. Más cuando por la casa no han rondado hoy mariposas negras.

Café y corazonada en mano, entro de nuevo al cuarto cuando de pronto me dice: me quedo porque tu tío quiere que seas un hombre.

Santos López
No. 83, Septiembre-Octubre 1980
Tomo XIII – Año XVI
Pág. 317

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Los deseos configuran aspectos temibles de la personalidad


Es un hecho que W. H. Hudson congestionó la libido transformando el deseo sexual en una ecuación equívoca. En su libro “La Edad de Cristal”, el mundo se convierte en un paradisíaco predio agrícola. El trabajo no escasea, hay tiempo para la premeditación y la alevosía. La mujer es una abeja productora (una por casa) que lava, teje, copula, produce, intriga, satisface, molesta, agravia, adula, enternece. Sobre sus hombros pesaba la responsabilidad de la reproducción. El resto de las damas vivía de los efluvios del “amor vegetal” controlado por una yerba reducidora de los deseos hasta que el aburrimiento de las mujeres en estado de merecer armó la revuelta y con esos precedentes en la mano, gente sin escrúpulo inventó más tarde el biógrafo.

Alfonso Alcalde
No. 83, Septiembre-Octubre 1980
Tomo XIII – Año XVI
Pág. 315

José Cardona López

José Cardona López. Profesor de literatura española e hispanoamericana en Texas A&M International University. Cuentos y artículos suyos han aparecido en revistas y diarios de Argentina, Colombia, Estados Unidos, Francia y México. Ha publicado la novela Sueños para una siesta (Oveja negra, 1986) y los libros de cuentos La puerta del espejo (El papagayo de cristal, 1983) y Todo es adrede (Borinmex, 1993).

José Cardona-López fue uno de los organizadores de Letras en el Borde, escenificados de 1998 a 2003, por parte de la Texas A& M International University.[1]

Que trata de la indagatoria al ingenioso caballero Don Miguel

—¿Lugar?

—De la Mancha.

—¿Nombre?

—No quiero acordarme.

—¿Por qué?

—No sé. No quiero.

—¿Apellido?

—Hidalgo.

—¿De los cuales?

—De los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor…

—Gracias, eso es todo.

—…una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, …

—¡Basta! ¡Basta!

—… algún palomino de añadidura los domingos,…

—¡Basta! ¡BAS-TA! Que siga el próximo caballero.

José Cardona López
No. 83, Septiembre-Octubre 1980
Tomo XIII – Año XVI
Pág. 307