Los deseos configuran aspectos temibles de la personalidad


Es un hecho que W. H. Hudson congestionó la libido transformando el deseo sexual en una ecuación equívoca. En su libro “La Edad de Cristal”, el mundo se convierte en un paradisíaco predio agrícola. El trabajo no escasea, hay tiempo para la premeditación y la alevosía. La mujer es una abeja productora (una por casa) que lava, teje, copula, produce, intriga, satisface, molesta, agravia, adula, enternece. Sobre sus hombros pesaba la responsabilidad de la reproducción. El resto de las damas vivía de los efluvios del “amor vegetal” controlado por una yerba reducidora de los deseos hasta que el aburrimiento de las mujeres en estado de merecer armó la revuelta y con esos precedentes en la mano, gente sin escrúpulo inventó más tarde el biógrafo.

Alfonso Alcalde
No. 83, Septiembre-Octubre 1980
Tomo XIII – Año XVI
Pág. 315

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